El teatro es la grande y primera fuente de riqueza para el hombre de letras. Quien llega a él y obtiene buen éxito, ya tiene asegurada la vida, a condición de no dormirse sobre los laureles. El libro es menos productivo, naturalmente; mas aun con público restringido, si logra vender, sostiene al autor, y sólo en contadas ocasiones lo enriquece. El dramaturgo, al imprimir sus obras, participa de las ventajas que le dan el teatro y el libro. El periodismo, particularmente si es literario, no es, ni con mucho tan productivo como el teatro y el libro; pero es un «modus vivendi» que, a falta de recursos pecuniarios, ofrece los de la influencia y la popularidad que, en ciertos casos, prestan innegables servicios. Muchos son los que, rodando del teatro o del libro, caen en el periódico, y en él quedan, aunque siempre dispuestos a nuevas y audaces tentativas para triunfar en el tablado y en el volumen.

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Con mi propósito de silencioso acercamiento a los hombres de letras, he tenido oportunidad de ver y oir en Madrid a algunos de los más encopetados y célebres.

El verano suspende la vida social, los teatros se cierran, los palacios quedan abandonados, tristes los cafés, mudas las orquestas y transferidas las veladas del Ateneo. Medio mundo se va; pero el otro medio mundo permanece y sufre los rigores del día, a cambio de la impagable frescura de la mayor parte de las noches.

Este es el tiempo de las fiestas al aire libre, de las Verbenas, de la opereta del «Magic Park», de las funciones del «Retiro», de las nocturnas corridas de toros, del contento callejero, que no quiere cesar hasta que lo sorprenda la luz del día.

Por calles y plazas va, en sonora fiesta, la multitud; los chicos vocean, gritan los billeteros, rasguean sus apolilladas vihuelas los mendigos; los tranvías derraman gentío en la Puerta del Sol; los salones de los cafés están hechos un ascua. Pues, ¿qué hora es? Las tres de la madrugada. En esta ciudad parece que no duerme nadie.

Y es que el medio mundo que en Madrid quedó, no es el más rico, sino el más bullanguero; el que gusta de las cenas y bailes de la Bombilla, de los mantones matizados, de la gracia oportuna, de la horchata de chufas y del suave viento de la noche.

En el mundo que se fué están distinguidos artistas y poetas.

Sin embargo, intentaré hacer el esbozo de uno que en Madrid permaneció hasta muy avanzado ya el Verano. Y así fué...

II