Ha caído la noche, entretanto. Valle-Inclán me invita a recorrer con él las calles de Madrid hasta la Puerta del Sol. Acepto y bajamos de su blanca y pulida casita. Vamos, callados ya, por el antiguo y adorable Madrid. Yo, en mi interior, reflexiono y comparo: ¡Cómo ha crecido este espíritu! ¡Qué grandes son las alas de esta «Aguila de blasón!» Mas ¡qué bien conservan su candorosa infancia los ojos y la sonrisa! Cuando habla nuevamente me va contando memorias, caras a su corazón, de Cuba, de México...

* * *

Hace pocos días, Valle-Inclán dió una conferencia en la Exposición de cuadros de Anglada. Obtuvo un ruidoso triunfo. Para premiar sus méritos, el Gobierno acaba de nombrarlo profesor de Estética en la Escuela de Bellas Artes, de Madrid. El autor de «Flor de Santidad» está ya donde debe estar: en la gloria, en la cátedra.

ALREDEDOR DE LOS ASESINOS

Don Nilo y Pasos Largos

EL delito pasional tiene en Madrid sus peculiares caracteres de raza: la disputa por la hembra, la riña de la calle, el desafío de taberna, la navaja insaciable. Todos los días los celos realizan sus dramas de arrabal, y los periódicos, con despectiva indiferencia, dan noticia de estos sucesos habituales sin adjetivarlos ni comentarlos. Son insignificantes notas de policía que se amontonan en el sitio fijo de una plana interior, entre las hazañas del ratero y el suicidio del amante desdeñado. Los pocos que quieren enterarse de esas curiosidades ya saben dónde van a encontrarlas.

Pero ahora, durante muchos días, la crónica del crimen ha tomado por asalto la primera plana de todos los periódicos de España, y extendida, pormenorizada, ilustrada, compite con las noticias de guerra, a pesar del ruido de armas con que éstas se imponen en el campo del periodismo.

El pueblo, sacudido como por un ataque nervioso, lee los «reportages» que pormenorizan y desmenuzan el delito de don Nilo Aurelio Sanz, miembro de la clase burguesa, agente de negocios, medio rábula, medio timador, listo para hallar trampas, salidas y vericuetos entre los artículos de los Códigos; audaz y laborioso, insinuante y maligno, dispuesto siempre a la caza de toda empresa turbia, maestro de hurto, e infatigable prestidigitador del engaño. La vida de don Nilo es la novela de un pícaro novisecular. Acosado por las deudas, impulsado por las necesidades, se ingenia día por día para encontrar recursos que lo salven de las situaciones apuradas. Y los halla en la mentira, en el enredo, en la intriga. Hoy vende abonos minerales que resultan ser puñados de tierra; ayer se proveyó de la subsistencia pleiteando con las Compañías de ferrocarriles; para mañana está preparando la emboscada de una comisión de compraventa. Es afable y diligente. Tiene apariencia bondadosa y franca. Posee el inestimable don de gentes.