La Reina, viendo que se iba, le dijo: doña Hierónima, por me hacer placer, y pesar á quien os quiere mal, que volvais, que nunca se debe hacer lo que el enemigo quiere. La señora doña Hierónima volvió á la Reina y dixo:
Señora, con tan gran favor
Yo seré tan socorrida
Que no me veré corrida
Sino por mi corredor.
Dijo Joan Fernandez, su marido:
¿Quién os ha mal enojado,
Mi buen amor,
Que me hicistes corredor?
Respondióle su mujer:
¿Quién os hizo pajarero,
Caballero,
Quién os hizo pajarero?
La Reina le dijo: Señora doña Hierónima, más querria ser vos que yo, que muy gran cordura es saber enojarse y desenojarse cuando es menester.
Vino á esta caza don Diego Ladron y la señora doña María, su mujer, y por lo que le pareció, él no salió vestido de fiesta y ella sí, con una ropa de terciopelo negro, toda broslada de unas sierpes, muy al natural, que tenian cortado del pescuezo un tercio y de la cola otro tanto, y en una montera que de lo mismo traia estaba este letrero:
En el medio está lo bueno;
Que en los estremos
Se pierden los que perdemos.
Paresció esta invincion y mote muy bien á todos y alabáronselo mucho, y don Diego dixo: Señores, todos pienso que me engañais, si no me desengaña la señora doña Hierónima, que del señor Joan Fernandez, su marido, desengañado estoy, que las más veces burla alabando el que va lisonjeando. Dixo la señora doña Hierónima: Señor don Diego, pues yo no soy lisonjera, dice mi marido que tengo mala condicion, yo tengo por mal acondicionado el corazon falsificado, que por eso se dice: vé con él y guarte dél. Lo que yo siento de invincion es, que á nosotras habeis hecho sierpes y á vos apoticario, que para que nos puedan comer, que no emponzoñemos, nos habeis hecho sacar á la señora, vuestra mujer, cortadas las cabezas y colas, mostrando que las mujeres tenemos la ponzoña en la cabeza y en los piés, de mal parleras y muy andariegas, y encobris esta malicia con el aviso que dais en el mote, diciendo: En los extremos se pierden los que perdemos. Vos y mi marido sois en esto médico y apoticario, que ordenais contra mujeres. Yo creo que tan poca paz tiene su mujer en casa como yo en la mia, pues no son portapaces los maridos que son desplaces. Dixo don Diego: Señora doña Hierónima, yo no pensé decir tanto, ni he dexado de tocar mucho, mas yo, de lo mucho que dixe, no he querido decir tanto de lo malo que vuestra merced ha sacado; y por esto se dice: no hay nada mal dicho si no es mal tomado, como ha hecho agora vuestra merced, que ha sospechado que para decir mal de mujeres hice sacar á mi mujer doña María las sierpes por invincion, y no ha sido sino por la semejanza que tiene la sierpe á lo que dice el mote, y es que así como tiene en el medio gran virtud, y en los estremos, que son la cabeza y cola, ponzoña, así se ve que en el medio está lo bueno, donde consiste la virtud para bien obrar, que en los extremos, que hacen perder, se pierden los que los siguen. Mi intincion no fué hacer sierpes á las damas, mas vuestra merced, para hacernos médico y apoticario, á vuestro marido y á mí, contra mujeres, habeis hecho esta glosa, y lo demas, dexo á Joan Fernandez, su marido, que lo dirá mejor que yo. Armóle á Juan Fernandez ir á la mano á la señora doña Hierónima, por vengarse de las que ella le habia dado y dixo: Señora mujer, quien tiene la cola de paja, del fuego se teme; como vos sois una sierpe para mí, habeis sospechado que el señor don Diego Ladron las hizo sacar para motejar á las mujeres, y cuando por esto lo hubiese hecho, no teneis que enojaros, pues se dice: sed prudentes como serpientes, esto tienen por quien las crió, que es la prudencia, y la ponzoña por la serpiente, que á la primera mujer engañó; ya veis qué mal os viene porque os hayan acomparado á serpientes, diciendo la mesma verdad que son de su naturaleza sábias, y cuando no lo quieren ser es por creer á Lucifer, que les dice que hagan lo que les vedan. Respondió la señora doña Hierónima y dixo: Señoras, preicador es mi marido y yo no lo sabía, sepamos dónde preica la cuaresma y vamos á oille, yo creo que será á casa de don Anton Vilaragut, que por lo que allí hace y dice le hizo don Luis Milan una obra, donde le hace en ella Adan y á doña Antona Vilaragut y de Heredia Eva; que no se cazaria mejor cosa en esta caza que don Luis Milan la hiciese correr por aquí como á liebre, á ruego de todas las damas, que yo creo que lo hará si una dama de las que han salido aquí se lo manda, que nadi puede mandar si no es bien mandado. Dixo Joan Fernandez: Señora mujer, si tales liebres levantais contra mí en esta caza, yo las haré correr á mis galgos. Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si la dama que la señora doña Hierónima, vuestra mujer, ha dicho, lo manda, mis coplas saldrán, y no serán vuestros galgos tan corredores que las corran, pues nunca las mias quedaron corridas de las vuestras.