Dixo el Duque: Don Luis Milan y vos Joan Fernandez, haceme placer que os vais de aquí, si no quereis morir los dos esta noche.
Dixo don Luis: Señor Joan, supliquemos á su excelencia nos haga saber por qué nos manda ir de aquí si no queremos morir; y si yo no me engaño yo querria adevinallo, y es que vos haceis gestos de envidioso y yo de vanaglorioso, de veros que estais muerto de envidia d’esta montería de Troya por haberla hecho yo, que si vos la hiciérades, la rezárades por puertas como á oracion de ciego.
Dixo don Diego: Yo lo queria decir si don Luis Milan no lo dixera, que los gestos que Joan Fernandez hacia oyendo la montería, eran de envidioso, quocando como á mono, que meresceríades por pena d’este pecado que vos y vuestros descendientes quedásedes con caras de monos que quocan, y les quedase por nombre el linaje de los monos, así como quedó el de los bailadores, que bailando muchos hombres y mujeres en fiestas del sancto Nacimiento, pasaron por una iglesia en Alemaña al tiempo que preicaban, y el obispo maldíjoles por el desacato y menosprecio que hicieron á la casa de Dios, y quedaron toda su vida hasta la muerte bailando, heredando esta pena sus descendientes, que vuestro hijo parece que ya la ha heredada.
Dixo Joan Fernandez: Porque no muera de vanagloria don Luis Milan, quiero rogalle que hagamos una máxcara para mañana á la noche, aquí en el Real, contrahaciendo su montería y prometo de hacelles envidiosos porque no me digan envidioso, pues soy mejor para envidiado.
Dixo don Francisco: Señor Duque, si Joan Fernandez nos ha de hacer envidiosos diciendo donaires, no consienta que los diga á costa de la señora doña Hierónima, su mujer, que yo vi lo queria decir á vuestra Excelencia, y por atajar este fuego lo quise yo decir, y no se fie d’él que se le destiene la ballesta, y dé fianzas que no hará el donoso, pues no’s gracioso sino quien lo es; que d’esta manera negocié yo con Enguera en casa del Romano, donde jugábamos muchos caballeros, como en este cuento contaré: Enguera nos enojaba mucho que se destenia su ballesta, y por ser caballero de baja calidad y conversacion, lo echamos del juego, y estando algunos dias en la entrada de casa aguardando si le dejariamos subir á jugar, yo le dixe: Enguera, yo recabaré con estos caballeros que os dejen subir si vos dais fianzas por las ignocencias, y dióme á mí por fianza y subió. Si mi amigo Joan me promete que no hará el donoso á costa de su mujer, yo le seré fiador.
Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, pasado os sois á los franceses contra mí, no se me da nada, por vos se puede decir:
Ó teneis miedo á los moros,
Ó en Francia teneis amiga.
Respondió don Francisco:
No tengo miedo á los moros,
Ni en Francia tengo amiga,
Mas tú moro y yo cristiano
Traemos muy gran porfía.