Pues las más veces el burlado queda honrado del burlador por justicia del Señor; que si el burlado queda para los necios derreputado, el burlador es condenado de los sabios por malhechor. La conclusion d’esto es ésta: Lo que no querria nadi para sí, no le quiera para otri, pues para ser verdadero sabio, no puede ser sino haciendo lo qu’este dicho dice:
Esta vida tan penada,
Si quereis que en bien acabe,
Aquel que se salva sabe
Qu’el otro no sabe nada.
Dixo don Luis Milan: Señor mastre Zapater, gran jornada ha sido ésta, en ser vuestra merced en ella, pues vuestro decir ataja porfías y vuestro saber adoba razones. Mucho debe á Dios por lo que le dió, pues por él tanto alcanzó; y pues tan bueno es para todo, téngase por corregidor de la gala, porque algunos la hacen ginagala. Unos hay que dicen malicias encubiertas con palabras á dos sentimientos, para salvarse con decir: Yo no dixe á mala fin lo que me han tomado por mal, y si á vuestras mercedes parece, con éstos se debe disimular por no obligarnos á responder. Hay otros que declarando la malicia dicha por otro, con boca ajena dicen mal por la suya; y por esto hay un refran en valenciano que dice: Qui la splana la gasta, como hizo don Diego, que, interpretando la hambre que dixo que me mataria el señor mastre Zapater, hizo malicia de lo que no debia ser; y por esto no es bien hablar por otri, sino en absencia de vuestro amigo si le perjudican, como en este cuento diré: Un caballero castellano dixo una malicia con palabras cubiertas á un portugues competidor suyo, y no respondiéndole, quiso un otro castellano responder por el portugues, declarando la burla encubierta que su competidor le habia dicho, y enojado d’esto el portugues dixo al castellano que por él habia respondido: Castelau, vos falais con tres bocas, con la vostra é con la miña é con vuestro rabo, que en Portugal rabo é quien fala mal. Y pues tal Zapater tenemos, que sabe calzar á la medida de cada uno, declárenos si hay errores que tengan desculpa ó no, que por esto llamamos á vuestra merced.
Dixo mastre Zapater: Yo diré cristianamente lo que d’esto siento; pues los cortesanos no dejan de sello por ser buenos cristianos, mucho deben huir todos de los errores que no tienen desculpa, como son aquellos por quien se pierde la honra y el alma, que agora oireis: Nadi debe venir á ménos de su palabra sino en lo que no se debe cumplir, como prometer lo imposible y obligarse á lo que no podéis; que si uno prometiese dar su hija por mujer, ó hacerla religiosa, y ella no quisiese uno ni otro, no’s tenido á tener su palabra, y si la tuviese, sería ir al infierno; ni ménos debe tenella quien prometiera casarse por tercera persona, si ántes de ser casado mudase de parecer; verdad es que son tenidos por muy vanos y de poco saber los que prometen lo que no deben ni pueden tener, y por esto es de muy sabio prometer lo que se puede y debe tener, y despues de prometido, no dexarlo de cumplir por ninguna cosa, porque el hombre sin verdad, cuando la dice no’s creido y queda sin autoridad, que sin ella todas las habilidades de los hombres son tenidas en poco, y muestran ser poco de la misma verdad los que no son della. Tambien derreputa mucho la traicion, pues el cielo y la tierra no la pueden sufrir, no tardando en dalle la pena que merece. No’s de callar el ladronicio, pues el ladron es tan derreputado y aborrecido, que Alexandre, príncipe muy bueno, tuvo tan gran ódio con los ladrones, que, segun Elio Lampidio escribe d’él, en viendo uno dellos, luego iba para sacarle el ojo con su dedo, y tan gran rencor tenía á los infamados de algunos hurtos, que si acaso les veia se le alteraba el corazon, que venía á echar cólera por la boca, y así se le abrasaba el gesto con la gran ira, que no podia hablar. ¡Oh noble enojo y de ánimo generoso, como en este cuento oiréis! Un varon de los que falsamente nombran honrados, habiendo sido algunas veces culpado de hurtos, quiso presumptuosamente, con favor de algunos reyes, sus amigos, subir á la órden de caballería, y como fuese luégo tomado por ladron, preguntó Alexandre á los reyes, por cuyo favor habia sido caballero aquel varon, que le dixesen que pena tenian entre ellos los ladrones, y respondieron que la horca, y así le mandó luégo ahorcar diciendo: No merece honrada muerte quien tuvo deshonrada caballería. No’s de callar la cobardía cuán vil cosa es, pues apoca y derreputa tanto cualquier hombre, que no se debria dar honra alguna á quien no tiene ninguna, pues no está bien dar oficio honrado á quien no le puede honrar; que los cargos y oficios y gobiernos no los debrian tener los de flaco ánimo, habiendo tanto menester la fortaleza como la sabiduría para dar buena cuenta de sí, que muy poco aprovecha la sabieza para gobernar, si falta la osadía para esecutar; y considerando los reyes de España cuanto conviene la fortaleza de ánimo al caballero para dar buena cuenta de su oficio, no se da la cruz de Santiago á quien se le pruebe que haya perdido honra, como en este cuento oiréis: Vino un caballero á demandar la cruz, y probadas todas las cosas que suele probar la órden, si era bueno para recibille por comendador, determinaron de dársela, y estando para recibilla, él les demandó á que era obligado, y ellos le dixeron: Primeramente habeis por fuerza de ser valiente; y él les respondió: Si quereis que lo sea de grado, si no quedaos con Dios, que no quiero valentía por fuerza, y así se fué que no le recibieron, pues mostró ser cobarde. Gran virtud es la fortaleza de corazon, mas ha de ir siempre apegada con virtudes, pues no puede ser buena si no es virtuosa, ni ser alabada sino entrando en los peligros que puedan honrar y no deshonrar; y así se determina, de los que son obligados por oficios y gobiernos y cargos, que se hayan de ofrecer á los peligros por sus repúblicas y fidelidades, y no temer la muerte, que para siempre hace vivir, y en general obliga á todos conservar honra virtuosa conforme á su estamento, y no irla á buscar, que son locos los que las más veces que la buscan la pierden, pues quien busca honra con perjuicio de otri, la pierde con daño suyo; piérdense muchos en no medir su corazon con su poder, que gran corazon sin gran poder es gran locura.
Dixo Joan Fernandez: Señor mastre Zapater, preguntaron á uno que habia oido preicar á san Bernardo, que dixese cómo le habia parecido, y respondió: Vidi hominem, et audivi angelum. Así me ha parecido vuestra merced.
Dixo don Diego: Decí, Joan Fernandez, ¿cómo hablais latin? ó vos le teneis ó no; si vos le teneis, ¿dónde le tuvistes tanto tiempo escondido? ¿fué en Andilla ó en Liria, donde vos sois Leriano, ó en casa de mosen Rodela, de quien sois vos rodelero?
¿Ó en casa de don Anton,
Donde vos sois un Sanson,
No faltando Dalida,
Que siempre vendido os há?
Y si latin no teneis,
Suplíco’s que no le hableis.
Que veo reir al Paje del mal recaudo y apodaros há el Papagayo del papa Paulo, veneciano, que habló en latin muy cortesano.
Dixo el Paje del mal recaudo: Señores, pax vobis para nobis, tras la puerta oí un latin que dixo mi señor Joan Fernandez, y no esté nadí espantado, que mucho há que es latinado y muy buen griego, que su maestro fué Diego y Juan de Sevilla.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, hacé buen broquel, pues habeis sacado contra mí vuestra lengua espada; luenga queria decir, y la teneis tan larga como la mula del portugues, que en este cuento oiréis: Tenía un portugues una mula que lo más cabalgaba con ella porque la hacia rebuznar cuando le daban de motes, y tenía la lengua tan larga, que la traia colgando fuera de la boca; y sirviendo á una dama, competia con él un otro portugues, gran motejador, que por no respondelle daba siempre en callar, y fatigándose un dia de muchos motes que le daba delante la dama que servian, dió ocasion su competidor que un paje le motejase como vos lo habeis hecho agora conmigo, por el latin que ha sacado el Paje del mal recaudo á causa vuestra, y diciéndole su dama cómo no respondia por sí á los motes que le daban, respondió: A motes mulos responda meu mula, que ten larga lengua é muito rebuzna.