Engañado andais en trajos,
Mi buen amigo,
No digais que n’os lo digo.
¿No veis que vuestra disposicion no parescerá á la de los troyanos ni griegos, ni ménos las fuerzas? pues se dice d’ellos que arrojaban en aquel tiempo con la mano una piedra tan grande como vos sois, cuando en amores os volveis de piedra; aunque don Luis Milan no puede creer que en vos pueda entrar amor, por más que os haya hecho embojar y encasillar una ramera; perdonad, que romera quise decir, y la razon que dice es ésta, que cada uno se inclina más á su semblante, como el caballero á la dama, y que no puede ser verdadero amor de hombre alto con mujer baja, que yo más le diré vicio que voluntad verdadera, la que tuvo Anníbal á la ramera que le detuvo en Cannas, cuando no siguió la victoria de la batalla que venció á los romanos, que pudiera entrarse por Roma como por su casa, segun dice Petrarcha en este soneto: Vince Anníbal, et non sepe usar poi.
Dixo don Luis Milan: Don Francisco, porque no piense Joan Fernandez que me haceis placer en irle á la mano, yo la quiero tomar por él, y responderos á quanto le habeis culpado. A lo que le dixistes:
Engañado andais en trajos,
Mi buen amigo,
No digais que n’os lo digo.
A esto os respondo, que si él dixo que vendiésemos por nuestra la máxcara de los troyanos y griegos al Duque, fué bueno para malo, y pues tuvo esta bondad, vos no la tuvistes en corregirlo; y si le dixistes que su disposicion y fuerzas no son tan grandes como las de Héctor, bien podria ser tenido por él, pues defiende lo que nadi defenderia para ofender á buenos ojos, que no es menester poco valor defender malos trajos y baxos amores, segun vos decis; que yo no digo sino que de ser buen maestro de trajos, podria ser mayoral de los sastres y provincial de los amores, que por más que digais que los tiene bajos, la baja dél es alta, pues los danza remedando á tan grandes hombres como oiréis, que si él encasilló y embojó por amores en Liria, Hércules hiló, y Virgilio estuvo en un cesto, y Aristótil enfrenado y ensillado; que, por remedar á grandes hombres, á nadi deben culpar si se puede desculpar, sino dígalo mastre Zapater que viene por la calle, veisle allá, llamémosle. ¡Ah, señor mastre Zapater! vuestra merced viene á tan buen tiempo, como la nave que nuestro sanct Vicente Ferrer dixo que venia preicando en Barcelona, que fué gran remedio para matar la hambre que tenian los catalanes.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, pues si supiésedes cómo sabe matar la hambre el señor mastre Zapater, con más razon lo podríades decir; tan buenos manjares da en su hortecico para los cuerpos de sus amigos, como en el púlpito para los espíritus; vos más querríades los que da para el cuerpo que los que le quereis pedir agora para el espíritu.
Dixo don Diego: Joan Fernandez, yo quiero responder por don Luis Milan, vos no dejais de tener buen palacio, mas teneis malas cámaras, pues huelen á mal decir, ¿de dónde sabeis vos que don Luis Milan querria más que el señor mastre Zapater le matase la hambre del cuerpo que la del espíritu? Yo bien sé que os ha movido á decillo por jugar del vocablo de la hambre que don Luis Milan sacó; y vos, por mostrar que es mucho del palacio levantar conversacion jugando del vocablo, hablais como diablo. Pues el buen dejo del avisado ha de ser dulce, y no como del truhan, que es amargo; que lo mejor del cortesano es que el burlado quede contento del burlador, y quien esto no sabe hacer, déjese de burlar si no quiere enojar, que si malas burlas apénas se pueden sufrir á ley de honra de un truhan, no es razon se sufran á un galan, que lo que enoja no es cortesanía sino descortesía, que puesto que no obliga á honra uno que vive de hacer el loco, pero no se le ha de sufrir que desautorice la autoridad, porque la reputacion no se pierda en ser reida de quien debe ser acatada, que los ignorantes no tienen ojo sino á la risa; y por lo que se puede decir que entre avisados se sufre burlar lo que entre simples no se debe hablar, tengo por bien que don Luis Milan disimule y dé en callar, y Joan Fernandez en no enojar, que la cólera en todos tiempos se debe templar.
Dixo don Francisco: Don Diego habló tan bien como entiende, y entiende tan bien como habla; no se ha dicho mejor licion sobre el caso. Lo que yo querria añadir con su licencia es esto: El cortesano no es obligado sino á callar, quando no está para bien hablar si no es á juego forzado, que no hay muestra quando la honra y obligacion obligan á responder, como es á satisfacer injurias, ó á preguntas que sois obligado á dar respuestas.
Dixo mastre Zapater: Yo alabo esta conversacion, por la mejor que he oido sobre el caso, en lo que es buena, y no puedo alabarla en lo que es mala, y en lo que es buena es en aquello que hace un cortesano buen cristiano, y en lo que es mala es en lo que hace un cortesano mal cristiano. Todo lo que don Diego habló es tan bueno, que no hay que reprender, sino alabar; pues no puede ser buen cortesano que sea avisado para el cuerpo y nescio para el alma, que si vamos tras agudezas de palacio perjudiciales á nuestro prójimo, para hacer reir á los cuerpos hacen llorar á las almas, pues en la córte celestial dan grandes penas por las culpas; que tan buen cortesano ha de ser para la córte del cielo como para la de la tierra, porque nunca contentará al Criador el que deshace la criatura burlando della. Que las burlas que hacen
Perder la reputacion
Al burlado y burlador,
Castígalas el Criador.