Ladron de nadi
Sino de mí.
De manera que si os perdemos, hallarémos á don Diego Ladron de meson en meson, que por cierto
Mas es gala
Mesonera,
Que de sala;
el que va escribiendo por mesones en carbon sus intinciones.
Merece ser muy burlada la gala qu’es mascarada, como oiréis en este cuento: Un portugues era muy galan, sobre callado, y un castellano competia con él en amores, y era galan muy fanfarron que jamas callaba; y estando los dos un dia delante la dama que servian, el castellano, pensando ganalle la dama por decidor, dábale muchos motes; y el portugues en acabar el castellano, le corrió con este apodo que le hizo: Castelau, heu vos apodo á meson de camino geno de motes. Don Diego, tenéme por entendido, pues sabeis á resabido.
Dixo don Luis Milan: Más cortesano fué el portugues que no el castellano, que la trecha para matar un verboso decidor es callarle hasta que ha revesado toda su verbosidad, y en acabar darle con un apodo, ó con un cuento tal, que sienta el hierro con que no saque sangre, como hizo este portugues, que le apodó muy al natural al verboso castellano que pensaba ganalle la dama á motes; esto es la cosa que más debria enfadar á las damas, y no sólo no reirse de servidores, motejadores pesados, mas debrian mostrar enojarse, porque se pierde el acato que se debe tener delante la dama, y la autoridad del motejador por parecer truhan más que galan, y tambien la del motejado, pues parece atambor de guerra que tocan alarma con él. Lo que yo haria en tal necedad, hacer lo que hizo este portugues, que callando por no parecer truhan, como su competidor, tuvo más saber y más autoridad y más vergüenza y crianza, que son cuatro cosas, que teniéndolas un servidor feo, le hacen parecer hermoso, y no tenellas, á un hermoso hacen parecer feo, como en este cuento oiréis.
Tenía una dama dos servidores, el uno muy galan, sobre callado, y el otro muy verboso decidor, y el callado no era hermoso y el verboso era gentil-hombre; y como algunas veces el verboso fatigase á motes al callado, delante la dama que servian, oyéndolo un dia una muy amiga suya le dixo: Señora, ¿há mucho tiempo que tura esta farza? y ella respondió: Muy poco para lo que yo me doy cata d’esto, y mucho para lo que me enfada d’ello; mostrando que nadi se debe catar de lo qu’es bien disimular y mostrar enojarse de lo que puede desacatar. Y turando mucho este mal palacio, díxole el servidor callado á la dama que servian: Señora, aunque á mí me cueste la vida dejar de serviros, más quiero perdella que enojaros, ¿qué manda vuestra merced que se haga d’este mal palacio? ¿irnos hemos ó quedarémos en vuestro servicio? Dixo ella: pues á mí habeis dexado el cargo, oid lo que diré á los dos: Quedad vos para feo hermoso, y vos íos para hermoso feo; y así se fué el verboso bien pintado, pues la locura hace feo al hermoso, y quedó por servidor el callado, pues la cordura hace hermoso al que es feo.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, aunque don Luis Milan ha embarrerado esta lanza de conversacion, tan deleitosa como provechosa para estorbar nuestros motes, no se deben excusar los caballeros dejar de hacer lo que la honra les obliga, porque no parece caballero sin ella, y aunque don Francisco se reirá que nos ha hecho picar, mejor es que se ría de lo que honrar nos puede, que d’aquello que deshonrar nos podria; si dejásemos de vernos en el campo de la gala que las armas son buenos motes que han de señalar sin sacar sangre; como en las armas de burlas de la esgrima, no parece bien ejecutar las veras porque no digan: No’s hombre de véras quien en las burlas muestra las véras; y pues esto es lo mejor, reciba este mote como á servidor:
JOAN FERNANDEZ.