JORNADA SEXTA.
Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.
Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar, si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:
Carta mia, pues que vas
En pasos de tanta gloria,
Si no son en mi memoria,
No te acuerdes de mi más;
No vuelvas de tal manera,
Que me hagas más mortal
De lo que yo ántes era,
Porque no seas mensajera
De mi bien para mi mal.
Y en llegar delante aquella,
Do mi voluntad te envia,
Para conocer si es ella,
Conocerás que no es mia;
Y despues de conoscida,
Para que quiera leerte,
Di que sólo fué tu ida
A mostralle con mi vida
Un traslado de mi muerte.
Preséntale mi corazon,
Donde siempre se verá
Quien bien retratada está,
Segun es su condicion;
Muy perfeta al natural
El amor la retrató,
Pues le soy en todo tal
Para sufrir tanto mal,
Cuanto yo contento estó.
Lévale mi entendimiento,
Porque vea en lo que entiendo,
Que velando ni durmiendo,
No le busco descontento;
Basta lo que le he buscado,
Aunque no soy de culpar,
Que si estoy enamorado,
Téngame por desculpado,
Pues es para enamorar.
Mi memoria le presenta
Por espejo que se vea,
Como está en mí su idea
Muy hermosa y mal contenta;
Es tan grande su hermosura,
Que aunque no me quiera ver,
Contemplando su figura,
Todo gusto de tristura
Se me convierte en placer.