Dixo el Duque: No se debe responder donde todo es aprender, y doy por respuesta la vuestra plática, que es esta novena ley:
La dama que su hermosura
Hace al hombre enloquecer,
Quien hace el seso perder,
Súfralo como cordura.
Que de ser bien avisado,
Se pierde el seso por amar;
Adóbelo para adobar
Lo que muy bien ha gastado.
Don Miguel Fernandez dixo: Si no fuese gastar el dia llorando, demandaria justicia d’esto. Las damas ayudan á mal morir á sus servidores, que riendo se mueren de amores, y el hacer morir riendo es matarnos halagando. Yo creo que les dan á comer de la hierba de Cerdeña, que se dice matariendo, que riendo d’él se muere, quien do no le quieren quiere; y ésta es la hierba de Cerdeña que le dan, que por ser de mal querer, qu’es mala tierra, con la vida nos entierra. Yo, señor, suplico por vos á vuestra excelencia, y por todos los enamorados, que por esto ley se haga, que no den reseña y paga en amores burlar de los servidores á cada rincon, qu’es matar á gran traicion, como muestra este dicho: La autoridad de matar no la tiene de burlar.
Dixo la Reina: Don Miguel, vos habeis puesto en el baile del amor á quien más que todos baila, que es el Duque, mi señor. Yo quiero responder por las damas, que las hecistes hechiceras con la hierba de Cerdeña, que vos le pusistes nombre matarriendo, y la vuestra se dice mátalascallando, que vuestra mujer lo dice, que sois desencamina casados. No sé por qué habeis demandado lo que no habeis menester, que negar se le puede á quien pide lo que no debe. Vos nunca sois estado en la cama por amor, y temeisos de morir, y más será del desamor que teneis, que todos mueren éticos d’ese mal; yo sería de parescer que no se haga ley, para que las damas dejen de burlar de burladores, que sería desigual en los amores.
Dixo el Duque: Santiguar me quiero para esta ley, pues no puedo sino hacer justicia, y temo de ser justiciado de la Reina, mi señora, que ya sin esto es matadora, cuanto más haciendo esta ley, que todas cantarán contra mí:
Enemiga le soy, madre,
Aquel caballero yo,
Mal enemiga le só.
Yo sé que les pasará el enojo cuando se verán mejor servidas con esta última decena ley:
No burlen más de galanes,
So pena de ser burladas,
Que seguir malas pisadas,
Se pierden los capitanes;
Y tambien las capitanas,
Que si más se burlarán,
Lo que d’esto ganarán,
Correrán carreras vanas.