Dixo el Duque: Señores, yo les quiero convidar á lo que soy convidado. Bajemos á la huerta, que mis cantores quieren hacer la fiesta del Mayo que hacen en Italia, y con razon meresce ser tan celebrado este mes; sino, dígalo mastre Zapater para que sepamos lo mejor d’esta fiesta en qué está, y lo que más le parescerá decirnos, que será un buen dejo d’esta sala-córte que aquí se ha tuvido.

Mastre Zapater, como lo era de crianza y saber, dió el obrar por respuesta, y dixo: El saber y poder del Criador de todo lo criado es tal y tan grande, que fué cosa conveniente no dejarse comprender, que de no saber perfectamente lo que su Majestad es, venimos á saber claramente qué cosa es Dios; por donde se viene á considerar que aquello qu’es más saber y poder que todas las criaturas, es el Criador, á quien debemos adorar y creer. Grande engaño recibieron en este mundo los que dieron crédito á Lucifer, como fueron los idólatras y mahométicos que le creyeron y adoraron, pues siendo criatura, no podia ser él creador, sino quien á él habia creado; y pues esto no tiene contradicion, ménos la tiene para creer qu’es Dios, considerar la gran providencia y gobierno que en todo tiene, y contemplando su casa y oficios d’ella, se ve quién es Su Majestad, como en los criados se conoce cuál es el señor d’ellos; pues lo conoscerémos por el sér y dignidad y operaciones de los ángeles, que el espiritual ser d’ellos nos dice que nadi lo supo ni pudo crear sino el Creador; y asimismo que siendo de mayor dignidad que los hombres, ha sabido y podido hacer que nos sirvan por custodios y medianeros, alcanzándonos gracias para ir al cielo, que son las operaciones d’ellos.

Tambien es de considerar en los otros cuerpos celestiales, que son el sol y la luna para alumbrar la tierra, y los signos y planetas y estrellas, los efectos que hacen por sus influencias y las inclinaciones que dan á en debajo su curso nasce, por ser cuerpos superiores, y nosotros inferiores á ellos, y tanto, que si por menosprecio tenemos osar de hablar y entrar donde algun mal espíritu está de los que sentimos por el mundo, nos asombran y matan, sino los que tienen mando sobre ellos, que son sacerdotes y seculares por divina virtud; por donde se concluye que la primera causa sólo es Dios, de quien proceden todas las segundas causas, que son las criaturas. Y por esto, respondiendo á lo que vuestra excelencia me ha mandado, digo que sólo al mes de Mayo dan las estrellas influencias para engendrar todos los metales, que por mineros de la tierra se engendran, como el oro y plata y los otros, y tambien todo género de piedras preciosas, y tienen más virtud las hierbas en este mes que en todo el año por el rucío que cae del cielo sobre la tierra, que es manná cogido en muchas partes para medicinar los cuerpos humanos; y vistas las grandes excelencias y provechos que se alcanzan en este mes de Mayo, vinieron los romanos y muchas naciones á celebrar esta fiesta, por la que el cielo nos hace en darnos tan grandes tesoros como nos da, y para ser católicas estas alegrías, han de ser dando gracias á quien las da, que es nuestro Señor Dios, de quien todas las criaturas proceden y son hechas.

En acabar mastre Zapater abajaron á la huerta del Real, donde hallaron un aparato de la manera que oirán.

Estaba un cielo de tela, pintado tan natural que no parescia artificial, con un sol de vidro como vidriera, que los rayos del otro verdadero daban en él, y le hacian dar luz, no faltando estrellas que por sutil arte resplandecieron á la noche. Debajo dél habia una bellísima arboleda, con unos paseaderos de obra de cañas, cubiertas de arrayan, y entre ellos unas estancias en cuadro, hechas de lo mesmo; y en medio de este edificio estaba una plaza redonda, arbolada al entorno de cipreses con asentaderos, donde estaba una fuente de plata, que sobre una columna tenía la figura de Cupido, que la representaba un mochacho muy hermoso con el arco sin cuerda, asegurando con este mote que en una guirnalda traia: sin cuerda por no acordar. En el remate de la columna estaba este letrero: Soy la fuente del deseo, que su deseo alcanzará quien d’esta agua beberá.

Tenia en la mano izquierda un ramo de flores, y en la mano derecha un guion real con una plancha de oro por bandera, con estos versos en ella, que muestran, moralizando á Cupido, quién es:

El muy grande niño de muchos señor,
Desnudo con alas y nunca cansadas,
Con arco y saetas de plomo y doradas,
en yerra le llama el gran dios d’amor.

¿Sabeis quién es este de tanto valor?
Cupido se dice, y es nuestro deseo
Que cuando codicia d’amor lo más feo,
Pierde lo bueno y es todo dolor.

Entónces desnudo, muy desvergonzado,
Razon le contempla, y muchos le pintan,
Sin ver, pues no ve qu’es mal deseado
Volar con dos alas de vicio malvado,
Y voluntad mala que el bueno despintan.

El arco su fuerza primero nos tira,
Saeta dorada que toma de grado,
Las otras de plomo despues que ha tomado,
Penando las siente quien ama en su ira.