Dixo don Luis Margarit: Departir quiero estos amores d’estos señores; probarme quiero que de un gran deseo muero.

La señora, su mujer, dixo: Los deseos de maridos no merescen ser cumplidos, porque son parientes de la traicion.

Respondió su marido: Vuestra merced lo verá, qu’el agua no me faltará por mostrar que os soy leal á bien y á mal. Y digo que mi deseo, que ninguna me mirase porque en vos no idolatrase. Que al parangon se muestra más la perficion, y en llegarse á la fuente se le secó.

Su mujer se le rió cara á cara, y dixo: Cuán cierto está que no engaña la ventura, vuestro deseo fué engañarme, queriendo darme á entender desear no ser mirado por no idolatrar en mí, y todo vais falsificado, pues huis siempre de mí; y no fuig qui á casa torna.

Dixo la señora doña Joana Pallas: Señora doña Violante, amagau lo valenciá, que castellans van per la terra, que per burlar de nostra llengua nos furten les peraules, y pórtenles á Castella pera fer farses ab ella, que mones son de Valencia, parlant ab reverencia.

Dixo Joan Fernandez: D’esas monerías don Diego se ha burlado con cuentos valencianos de castellanos, y hánselo muy bien pagado, que burlar del burlador es de avisado.

Dixo don Francisco: Yo quiero probar en qué parará un deseo que tengo, y es, si he de comer un higo que me hacen en una relogía; y queriendo beber del agua se le secó.

Dixo la señora doña Francisca, su mujer: Yo conozco la higuera de ese higo, que por esto vos sacastes en las cañas papahigo y no le paparéis; por eso no subais á la higuera que sabeis, que dicho me ha que no deja cogerse, que bajar es el subir que ha de perderse. Yo tambien quiero probar un buen deseo en qué tiene de parar, y es que nunca os mirasen otros ojos sino los mios, porque estaria al seguro que no seríades burlado, pues los más hombres que se enamoran, son de ojos burladores, que los miran, y por ellos no sospiran, ántes hacen sospirar. Que el mirar de la mujer, lo más es para burlar. El agua se me ha secado, vos ternéis, señor marido, muchos higos y burlado.

Don Pedro Mascó y la señora doña Castellana, su mujer, llegaron á probarse, y dixo el marido: Yo deseo nunca ser olvidado de una valenciana y castellana, que cuando más y más las miro más sospiro; y probó á beber del agua y secóse.

Dixo la señora, su mujer: Pues me tengo de probar, deseo no desear á un Pedro más contento de sí mesmo que de mí, que no está léjos de aquí; y queriendo beber del agua se le secó.