Dixo el marido: Señora mujer, decidme quién es el Pedro más contento que habeis deseado, que todo estoy demudado, mas no mudado en desamor, que no se muda un buen amor.

Y ella respondió: Y’os lo diré, si vos me decis quién son las dos que deseais no ser olvidado dellas.

Él se rió, y dixo: Mirad cuánto ciegan los celos, que os habeis desconocido; pues nombránd’os yo Valenciana y Castellana, que sois vos, os habeis hecho celosa pensando que fuesen dos; picado habeis, no lo negueis.

Ella se rió, y dixo:

Tambien habeis vos picado
Del Pedro que os he nombrado,
Más contento de sí mesmo
Que de mí;
Pues sois vos si estais aquí.

Don Baltasar Mercader llegó á probarse en la aventura, y dixo: Yo tengo un deseo que pocos le tienen, de morir primero que mi mujer, porque yo me desesperaria si ella me faltase, y de otra parte no lo querria, porque de celos yo iria al infierno si otro la gozase; alargó la mano para beber del agua y secóse la fuente.

Y la señora doña Isabel, su mujer, dixo: Yo tambien quiero probarme con el mismo deseo que mi señor don Baltasar tiene, y de las dos cosas que él ha deseado, la que ménos querria quiero, y es, que su merced se muriese primero porque nadi d’él gozase si por ventura se casase, que por ventura habria de ser segun me suele querer; y el agua se le secó y sospiró.

Don Luis Vich tomó de la mano á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo: Señora, vamos á probarnos en esa aventura, que mostrar quiero cuanto os quiero, y es mi deseo que vuestra merced creyese de mí que despues que la miré he cegado para cuantas he mirado, que topándolas voy como á ciego, y perdon les pido luégo diciéndoles: Hag’os saber que mis ojos dejo en casa mirando siempre á mi mujer.

Dixo la señora doña Mencía: Tan casados son nuestros deseos como nosotros, pues deseo lo mismo de vuestra merced, que si deja los ojos en casa para siempre mirarme, no quedan los mios en la posada por irse tras él; que si en ella tengo de ver, con los ojos de mi hija ha de ser, que no veo sino con los de Doñana. Llegaron estos dos tan casados en su voluntad á beber del agua y no se les dió, que Cupido que la daba la quitó porque no muriesen de placer de verse favorecer más que todos del amor, que fuera hacer gran sinsabor.