Don Berenguer Aguilar llegó á probarse, y dixo: Yo deseo que la señora doña Leonor, mi mujer, me tuviese por tan buen casado que no dejase cantar por casa á su criada Marinsueña: Mal casada, no te enojes; que cantando le va esta cancion por meternos en quistion, que en ser en Valencia estas castellanas, son revuelve-casados y descasa-maridos.
Dixo la señora doña Leonor: Quien se da mal á entender, se va á perder.
Respondió su marido: Quien se da á mal sospechar, va á mal andar, como hace Marinsueña, que debe ensoñar que yo soy mal marido, y serlo he, porque ella vaya á cantar á otra casa; y queriendo beber del agua, se le secó, y á su mujer le rogó que no se probase en ella, que enojado estuvo d’ella.
Don Miguel Fernandez tuvo por cierto que se cumpliria un deseo que tenía, y llegó á la fuente á probarse, y dixo: Yo tengo un deseo de ser muy leal en amores si me guardasen lealtad, mas no se usa, que mal uso descubre quien es confuso, bien sé que hablo contra mí, mas yo sé quién obra contra nosotros en seguir y perseguir las damas á sus amadores, con este diabólico uso, nombrado deslealtad, que tantos quieren cuantos ven de servidores, y á todos hacen disfavores; y queriendo beber del agua, se le secó, y dixo: Desculpado so si no tengo lealtad, que no quiere esta bondad, Cupido, nuestro deseo, por seguir l’amor más feo en los amores, que nascen de mal amor desamores.
Dixo la señora doña Ana, su mujer:
Buen pintor es mi marido,
Á su placer ha pintado,
Falsas nos ha retratado,
Guárdeos Dios de arrepentido.
Todas l’han amenazado
Que será bien combatido.
Y’os prometo de no ayudaros, que bien dicen: Quien mal busca, presto le halla. Yo quiero tambien probarme en esta aventura, y es mi deseo que no viese lo que veo cuando me enoja, que ver mal, males antoja; y en llegar á beber del agua se le secó, y dixo: Ya me temia que jamas alcanzaria dejar de ver en amores refalsados amadores. Señoras, demos mala postre á mi marido, que esta plática ha movido.
Vinieron dos disfrazados á probarse en esta aventura, y el uno venía armado de cuerpo con unas muy ricas armas, llenas de flores esmaltadas sobre planchas de oro de martillo y en un chapeu que traia una red de oro colgaba, que su rostro le atapaba, y este mote en él traia, Miraflor de Milan.
Y el otro venía en cuerpo muy bien vestido, como á soldado, de terciopelo carmesí, con unos ojos en blanco mirando al cielo, broslados entre muchas alas de oro de martillo, esmaltadas, y en un sombrerete de lo mismo traia este mote que decia: El deseo siempre vela, mira y vuela.
Y en ser delante la fuente para decir sus deseos, el uno que en su mote representaba ser el deseo, quiso comenzar á decir lo que deseaba, y el otro, que venía armado, le dixo razonando á modo de diálogo lo que oiréis en este razonamiento: