Para doña Joana Aguilon,
Que de peste se murió,
Pues á quien ella hirió
Nunca tuvo defension.

Que la peor landre es ésta,
Ser herido de la dama,
Cuando amando nos desama,
Defendiéndose de honesta.
Toma vivo te lo do.

Para dos de grande primor,
Joan Fernandez, cantad vos,
De las dos hermanas dos,
A mi mátame la mayor.

Y diréis muy gran verdad
Sinos asis á dos ramas,
Que Beneitas son las damas
Isabel, Hieronima.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, no paseis más adelante, pues habeis parado tan bien, que hecistes parar muy colorado al que estaba sin color de vuestro «toma vivo te lo do» que por Joan Fernandez se pudiera decir: toma muerto te lo do; pues lo estaba tanto, que si fuera envidioso como es envidiado, creyera que lo estaba de vos.

Dixo don Francisco: Acertado ha vuestra excelencia, que Joan Fernandez me ha dicho que no ha oido mejor toma vivo te lo do, ni ha visto tal toma muerto te lo do, como estaba don Diego de envidia de no haberlo hecho él.

Dixo don Diego: Don Francisco, pareceisme sacabuche, pues del buche de Joan Fernandez habeis sacado lo que habeis dicho contra mí por vuestra boca; y vos, Joan Fernandez, me pareceis ventosa, que por vos ha salido el humor malencólico de don Francisco, que vuestra malicia le ha engendrado para dañarme, diciendo que yo estaba un toma muerto te lo do, de envidia de don Luis Milan de su toma vivo te lo do; y decis verdad, que no puede haber cosa buena que no sea envidiada, ni cosa mala que no sea reprendida.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, pues nos habeis apodado, á don Francisco á sacabuche, y á mí á ventosa, y’os apodo á vos á cinfoynero de perro bailador, que nunca tañe la cinfoyna sino para sacar dineros; y es el perro vuestro pensamiento, que siempre va rondando, como á bailador, para embaucar á quien de vos se deja; sino, dígalo la córte á cuántos habeis embaucado, para sacarles presentes, tañendo las cuerdas de vuestra armonía; pues lo son tanto que saben sacar joyas burlando de vuestros valencianos en Castilla, como vuestro padre don Luis Ladron de Castellanos en Portugal, que es oficio de lisonjeros, que por él vos podrian decir don Diego lisonjero.

Dixo don Francisco: Joan Fernandez, pues vos os habeis vengado de don Diego en apodarle á cinfoynero, yo le apodo á melcochero, que se hace pagar mala miel por buena á los que no tienen gusto, como se siguió en Portugal en este cuento que oiréis: Un castellano melcochero iba vendiendo melcocha en Portugal diciendo «á la buena melcocha, á la buena melcocha», y un portugues díxole: Melcochero castelau, nan dezis ben, que sendo os castelaos suzios, muito mejor direis, «á la boa merda cocha, á la boa merda cocha».