Dixo don Diego: Don Francisco, á vuestro cuento sucio y al de Joan Fernandez frio, quiero responder con un cuento que oiréis: Dos volteadores allegaron en tiempo de Julio César á Roma, y prometieron hacer espantar y reir á cuantos les mirasen, fuéles mandado que volteasen en el Coliseo, porque todos los que quisiesen los pudiesen ver, y voltearon vestidos de la cintura arriba, y de la cintura abajo desnudos; y hacian tales vueltas que de muy peligrosas espantaban, y de muy desvergonzadas hacian reir, porque mostraban todas sus desvergüenzas volteando. Acabado que hubieron, fueron á los senadores y á Julio César que les miraban, á pedir por paga lo que mandasen, y fué mandado que se les diese de lo que ellos habian dado para hacer reir, y ansí fueron puestos en sendos asnos á caballo, de la misma manera que habian volteado, mostrando sus desvergüenzas, y mandáronles dar cien azotes por paga á cada uno, y el pregon decia: A los desvergonzados sean en sus desvergüenzas azotados. Por donde se puede entender que á todos los que hacen, ó dicen, ó piden con desvergüenza, es bien pagalles con la misma moneda d’esta manera; á los que hacen algun placer desvergonzadamente, sean pagados con desvergüenza como éstos fueron, y á los que dicen desvergüenzas para hacer reir, desvergonzarse para hacelles llorar; y á los que piden con desvergüenza lo que no deben, no dalles nada, y decilles lo que yo diré á vosotros, y es esto: Viendo la vuestra se pierde la mia, que con la poca vergüenza que me habeis motejado, os he respondido.

Dixo el Duque: Qué os parece, mastre Zapater, qué buenas lanzas han corrido estos caballeros cortesanos, y cuán poco se han corrido de los apodos que se han hecho, mostrando la severidad que los avisados han de tener para mostrar que ni en las burlas ni en las véras deben salir de seso, sino estar siempre en consideracion, para bien responder y obrar en todo lo que conviene, como mostró Julio César en su primera edad, que siendo de la parte de Mario, fué preso de los contrarios, y traido delante Sila. Y rogándole todos que lo soltase por ser muy mancebo, respondióles: ¡Oh caballeros! ¿para qué rogais que yo dé libertad y vida á quien muestra su presencia, qu’es para dar y quitar libertades y vidas? ¿No veis vosotros que en él hay muchos Marios? Yo haré lo que me rogais, sólo por mostrar que tengo tan poco miedo de Mario como él muestra tener de Sila. Véte, Julio César, y dirás á tu Mario que si te he dado la vida, es por tener muy poco miedo á los que le parescen á él. Palabras fueron como de tal varon, mostrando lo que debe hacer el hombre sabio para mostrar ser fuerte; que en ninguna ocasion contraria, ni en burlas ni en véras, muestre ser vencido.

Mastre Zapater: Señor, parésceme que no se puede decir por vuestra excelencia lo que dice nuestro valenciano: Qui la esplana la gasta, pues ha declarado tan bien las burlas d’estos caballeros cortesanos, que ha mostrado el fruto que se debe coger de los que echan flores por la boca; y si los que leen y oyen razones avisadas, no gustan de lo que vuestra excelencia ha gustado, no muestran entender lo que leen y oyen, que si lo entendiesen, ó trabajasen de entendello, haríanse avisados, que muchos lo serian si quisiesen; diránme algunos que no hay quien no quisiese ser avisado, mas como sea dón de Dios, él lo da á donde quiere. A esto les respondo con lo que dice el Papa á los judíos que le están esperando con sus cerimonias, cuando vuelve á Roma de la coronacion que le hacen en San Joan de Letran, y son estas palabras: Lex vestra est bona, sed est male intellecta. Diciéndoles, vuestra ley es buena, mas es mal entendida de vosotros. Así se puede decir á los que dicen que nuestro Señor Dios da la gracia adonde quiere, verdad decis, mas entendeislo mal si creeis que si á unos da gracia especial de sabiduría por nacer debajo la estrella que nascen, ó por lo que á su Majestad le place, que á los otros no la dará. Esto es muy gran error, porque Dios tiene prometido, dicho por su boca, que á ninguno dejará de dar gracia y gloria, que trabajará de alcanzarla haciendo buenas obras, con que nadi se confie que por sus propios merescimientos meresce el Paraíso, sino por virtud de la muerte y pasion de Jesu-Christo, nuestro redentor.

Gilot: Señor mestre Sabater, puix axí es com vos dieu, yo bem puch salvar vivint ab ma amiga Beatriz si fas bones obres.

El canonge Ster: Demonium habet; y es lo dimoni la sua Beatriz, que li deu preicar esta taulegia, que vivint amigat pot anar á Parays ab lo diable al cos.

Gilot: Blasfemavit, que ma dit que yo tinch lo diable al cos tenintlo ell en la gepa, que si per Beatriz ho diu, no te tall de diablesa com la mare del seu corbinet Ster, que cascunani la lloguen pera ballar ab los diables de la roca de intern.

El Canonge: ¿Nos pijor que cada nit es llogue la tua Beatriz, ó farsatriz pera ballar vestida con á home en la farsa de Lope de Rueda, y tornát á casa ab lo porró plé de oli per paga, com á beata almoynera?

Gilot: Senyor Duch, ¿pera que teniu aquest tartugot? nous entraré mes en casa, si nol llansau á la gola del vall, ó donaulo al bachiller Molina que vaja á Castella ab ell, que per los hostals del camí guanyará á diner, mostrantlo; dient que es lo diable de Viterbo, y fará millor guany que ab les medalles que amostra.

Molina: Gilot, nunca creí tanto como agora que un loco hiciese ciento, que sacado me has de donde estaba escondido para escuchar lo que en mi vida he oido ni visto como agora, que en banquete tan bien banqueteado, todos estén tan firmes, que ninguno ha perdido los estribos ni la silla, sino el canónigo, que te los ha hecho perder en tocarte á Beatriz; y tú en tocalle á la madre de su hijo Corbinet Ster le has hecho perder su silla giba, que no se la veo á cuestas, segun anda derecho en disparates.

El Canonge: Gilot, ara tens sabata de ton peu, lo diable te ha fet tocar esta cigala que pera tots ni haurá, que per ser tan gran charrador, en casa de mestre Sabater li han posat nom lo bachiller Cigala.