Dixo Gilot: Be dieu señor Joan, que al enfornar se fan los pans geperuts.

Dixo el Duque: ¿Pues tan gran mar ha levantado el gasta honras del canónigo Ster? sepamos qué cosa es honra, y dígalo mastre Zapater, que lo sabrá mejor; y rogado de todos, dixo: Yo diria, no apartándome de la ley de Dios, que la honra es el valor de cualquier persona, mas ha de ser la que á Dios place, y no la que Lucifer quiere; y así es mucho de notar que con sola su palabra, diciendo fiat, fueron hechas todas las criaturas, y pudiendo con lo mismo echar á Lucifer del cielo, no quiso su Majestad que fuese echado, sino resistiendo á modo de batalla sus ministros los buenos ángeles, mostrando que justamente se puede resistir y pelear por la verdadera honra, que es conservar justicia y verdad, como ellos hicieron á voluntad de Dios, resistiendo y peleando contra la injusticia y la mentira, que es el diablo; por donde nos debemos mirar siempre en Cristo, nuestro señor inmaculado, espejo de cristal, siguiendo aquellas letras que dicen en torno d’él: Omnis vita Christi actio nostra est. Diciendo que toda la vida de Cristo debemos imitar, peleando por la justa honra, conservando lo que Dios nos da; y es de entender por su ley, como mandó á los judíos, que siempre fueron vencedores peleando por la honra de Dios, y así no osó Alexandre conquistarlos, porque le dixo un filósofo que si estaban en gracia de su Dios, no lo emprendiese, que se perderia. Tambien es lícito pelear por el natural rey con justa guerra, y por el bien comun, y asimismo defendiendo cada uno su vivienda cuando con injusticia se la quieren quitar, y ésta es la verdadera honra; la falsa es la que Lucifer ha introducido en el mundo usando las armas contra caridad y justicia, siguiendo la voluntad, y no la razon, en perjuicio del prójimo para perdicion de quien tal hiciese.

C. Señor Duque, yo hallo á mi cuenta, tratando de la honra, que los más injuriados los unos lo son á culpa suya, y otros por falta de buenos juzgadores. Los hombres, para vivir honradamente, debrian guardarse mucho de todas las ocasiones por donde les puede venir deshonra, y si no dan ocasion y se ven en ella, nunca debrian satisfacer á las injurias con obras donde se puede con palabras, que es falta de razon ó gran soberbia que las más veces hace perder. Otros hay que son tenidos por deshonrados sin culpa, de quien no saben juzgar de honras, que debrian, para ser buenos jueces, saber los casos que obligan á satisfaccion, y hallarán que son muy pocos; y para muy bien gobernarse, débese tomar consejo de quien tiene calidades para darle bueno, y son éstas: Que sea experimentado y no apasionado, ni interesado, ni sospechoso, y sabido en lo que aconseja, que los más consejos están lisiados por falta de buenos consejeros, por quien se siguen grandes deshonras y pérdidas; y en deshonra venida por mujeres, no obliga sino aquella que por descuido ó consentimiento del deshonrado le viene, como es descuidarse no proveyendo á las deshonras que seguir se pueden, ó consintiendo á las que ven venir ó tienen en su casa; y si á quien toca ha proveido en todo lo que debe, no puede tener deshonra por la de otro quien por sí no la tiene.

Dixo el Duque: Muy bien se ha tratado de la honra, y mal se trata d’ella cuanto más va, y en cosa que tanto importa calzar se debrian con este zapatero y armarse de tal caballero, pues se puede decir por ellos: Quien las sabe las tañe, y no como algunos, que primero las tañen que las saben. Decidme, pues, qué os parece de una condicion descuidada.

Respondió el bachiller Molina: Señor, á esa condicion la nombran cuerpo de buen tiempo; yo puse por nombre á un nuestro caballero castellano don Pedro Melacha, por ser tan descuidado y dulzacho, que más cuidado tenía de hacer perros de caza que de sus hijos, que por haberlos mal criado, todos murieron á mala muerte; y por la gran culpa que tuvo, un dia le aparecieron como á galgos en una caza, y á bocados le mataron diciendo que venian por él para llevarle al infierno, adonde los habia hecho ir. Todas las repúblicas que están perdidas es por ser perdidos sus caballeros, que debrian los padres d’ellos apartarlos de sí en la primera edad para que se hiciesen hombres por casas de reyes y señores; que la propria tierra ni la cara del padre nunca hacen perfecto hombre al hijo; y así, porque no desasosegasen á su tierra ni á los suyos, solian los romanos echar fuera de Roma á los mancebos en la edad desasosegada de quince hasta veinte años, ó en la guerra, ó para saber letras por casas ajenas, porque volviesen más hombres para regir y conservar su tierra. Y si por necesidad algun romano pedia á los senadores que le dejasen su hijo, habia de entrar fianza por las innocencias d’él para pagar cualquier pena que le fuese dada por justicia; y si no tenía posibilidad el padre, á costa del público tesoro criaban á su hijo para que no se perdiese, y así quedaban hombres bien mandados para saber mandar. Hay una costumbre mala, que se nombra gasta criados, y es que los señores no debrian tomar criado ni vasallo de otro, y si esto se usase, ninguno se despidiria si no hallase quien los recogiese, y sería gran bien, pues no habria gasta buenos, sino adoba malos.

D. Nos pot dir per vos aquel cantar que diu: Que no puede ser, señor bachiller, que no puede ser, puix noy falta algun don Pedro Melacha que de fats á molts fan tornar orats, que tot home fa lo galan enfastijan, y la mor es de natura que fa parer be la oradura com he llegit en uns tercetes de don Luis Milá, que en los darrers versos diu: Ved amor en qué nos trae, y haga parescer bien la locura.

Don Luis Milan tomó una vihuela, qu’esta señora le dió para que cantase este diálogo de amores, que es razonamiento de un galan y una dama en los presentes

TERCETOS.

G.

Cuando más miro más estoy mirando,
Si podré ver en vuestros lindos ojos
Lo que de vos, señora, voy buscando.