Dixo el Duque: No he oido mejor licion para bien gobernarse los príncipes, que si esto se hiciese como debe, muchos se salvarian que se pierden: decíme, ¿qué os parece de la condicion parlera?

Dixo don Luis Milan: Señor, la condicion parlera se dice ventera, por ser llena de viento, que la verbosidad es enemiga del buen hablar, y para ser uno bien hablado, si á vuestra excelencia le paresce, debe tener estas partes: Estar siempre en su pensamiento para pensar ántes que hable si es bueno ó malo lo que quiere hablar, que despues de mal hablado, si se ha de remediar, se verá ser remendado, y para guardarse de errar, sólo en lo que sabe debe hablar, sopena de ser tenido por nescio ó loco ó atrevido.

Tambien debe considerar cada uno para lo que es bueno en la conversacion, porque hay unos que son buenos sólo para recitar, y quien no fuese para más, recite lo que habrá oido ó visto ó leido, por no ser tenido en ménos si habla más de lo debido. Otros hay que saben inventar razones, y quien tal gracia tuviere no lo deben atajar, pues desobliga á quien lo oyera de hablar. En ningun tiempo ni lugar deben estorbar á la persona que habla si es para dejarle hablar, que es una licencia que descubre muy licenciado á quien se la toma, que la mala crianza es gasta buenos, y la buena adoba malos. Dícese una razon de don Hernando de Abajos, marqués de Pescara, que fué tan excelente cortesano como guerrero, pues tanto venció con avisadas palabras como por armas. Fué tenido por tan sabio y valeroso, que con su fama venció el gran Antonio de Leiva al rey de Francia una jornada que los franceses le tenian banderas dentro Pavía, y valióse con una estafeta que hizo entrar corriendo por Pavía diciendo: Victoria, victoria, que el Marqués de Pescara ha vencido á Lanzon, y viene en vuestro socorro; que puso tanto temor en los enemigos como esfuerzo en los españoles, pues vencieron á los franceses. Solia decir este invencible capitan cortesano que la obligacion de hablar es una pesada carga, y cuando alguno hablando bien desobligaba de hablar, no sólo debrian callar y escucharle, mas hacerle gracias, como hizo un portugués á un castellano competidor suyo, que no le daba lugar que hablase delante la dama que servian, y dixo: Portugués, ¿por qué no hablais? y él le respondió: Castelau, heu vos faço gracias que falais por los dos, e vos agradesceime que amo por mí e por vos.

D. Mejor estoy con el portugués, que el callado amor muy mejor es.

C. Y si algo quieren demandar, ¿han de callar?

D. A quien pide lo qu’es malo, dalle del palo.

C. Y si meresce del pan, ¿qué le darán?

D. Si ha de ser para casar, d’este pan le pueden dar.