Mi señor don Berenguer,
De engordar mucho el marido
Enflaquece la mujer.
El Duque y la Reina se holgaron mucho destas cortesanías destos caballeros y damas, y dixo: Bien sería que don Luis Milan pusiese por obra el Cortesano que le mandaron las damas que hiciese; yo respondí: Si vuestra Excellencia me avisa diciendo las partes que ha de tener el Cortesano,
Yo sabré hacer lo que no sabria,
Que del Rey se ha de tomar cortesanía.
Dixo el Duque: Yo diré mi parescer y esos caballeros digan el suyo:
Que en las cosas de gran sér,
El Rey con los caballeros
Tiene muy buen parescer.
REGLAS DEL CORTESANO.
Comenzó el Duque y dixo: Á mí me paresce que el Cortesano ha de tener estas reglas: saber hablar y callar donde es menester, que no en todos tiempos ni en todo lugar ni á toda persona es bien hablar, sino en su caso y lugar; que si se habla en tiempos que pueden causar algun mal, mejor es callar; ni ménos se ha de hablar en el lugar que se debe tener silencio, que ha de ser en la casa de Dios, cuando se ha de rezar ó tener atencion á los oficios que se dicen, y asimesmo en los lugares y casas reales estando delante del Rey, por la fidelidad y acato que se le debe, sino cuando él lo manda, ó hay ocasion ó interroga que delante dél se hable; ni ménos se debe hablar á la persona qu’es prohibido, como escomulgado con participantes, por no menospreciar la Iglesia de Dios que lo manda; ni con hereje ni moro, sino por necesidad ó conversion dellos, y en este caso es bueno ser amigo del amigo, qu’es Dios, y enemigo de su enemigo, ni en lo temporal nadie debe ser amigo de su enemigo para encender fuego en lugar de matalle, y lo demas diga quien quisiere.
Dixo don Diego Ladron: Pues vuestra Excelencia lo manda, digo, que el Cortesano no debria hablar sino de aquello que él sabe, pues qualquier que habla lo que no comprende, descubre lo que no entiende. Ni ménos debe hacer lo que ignora ó lo que no puede, que muestra saber poco, y poder ménos quien mal se atreve.
Dixo Juan Fernandez: Yo diria que el Cortesano debe hablar siempre á buen propósito, que apénas hay cosa mal dicha á buen propósito ni bien hablada fuera dél, hora sea moviendo conversacion, ó respondiendo á quien la mueve, pues sería conversacion despropositada, como si se hablase de alegría en tiempo de tristeza, si ya no se hiciese para alegrar á uno que se holgase lo sanase de triste un alegre donoso.