Dixo don Francisco Fenollet: Yo digo que el Cortesano siempre debe estar en lo que hace y dice, por no parescer descuidado, como en este cuento diré: Iban camino dos caminantes, y pasando por un pajar dixo el uno: ¡oh qué buena paja es ésta! y de allí á una hora respondió el otro: para albardas. Esta paja se les podria dar á comer á los que no están en lo que están, ni traen cuenta con quien les habla, que no se ha de responder tarde para luégo, ni luégo para tarde. Otros hay que no están en lo que hacen, como hacia un justador portugues que nunca engozaba la lanza sino cuando su contrario lo habia encontrado, y decia que se le hacia gran traicion de encontralle ántes que él engozase; quiso ser juzgado, y el Rey de Portugal, que era el juez, juzgó y dixo:

Descuidado justador,
Nan juste mais en amor.

Dixo don Luis Milan: El Cortesano ha de ser padre de la verdad, hijo del modo, hermano de la crianza, pariente de la gravedad, varon con ley, amigo de limpieza y enemigo de pesadumbre; y por mostrar cómo lo entiendo, digo, que debe ser tan verdadero como el padre á sus hijos, tratando mucha verdad con ellos para que sean verdaderos, mostrando amor y correccion donde se debe, que en casos hay que si mostrase voluntad sería tenido en poco; y porque no lo sea, no le han de ver la cara para ser temido, sino obras para ser amado, que no debe causar menosprecio quien ha de ser respetado; y en todo lo que ha de tratar verdad ha de ser muy verdadero, sino cuando va de burlas placentero.

Tambien ha de ser hijo del modo por lo que diré: Un filósofo, haciendo vida en un desierto, vió una muy hermosa ninfa y demandóle quién era, y ella le respondió: Soy la Justicia; dixo el filósofo: ¿De dónde veniste? respondió: Vine del cielo; prosiguió el filósofo diciendo: ¿Por qué vas por desiertos? dixo la Justicia: Porque donde yo reinaba han muerto mi padre, que do el modo se pierde, justicia no reina. Por donde se ve que el modo es padre de la justicia y del Cortesano, que, para ser justo y llegado á razon, ha de ser su hijo y de su condicion.

Tambien ha de ser hermano de la crianza, como en este cuento mostraré: Topáronse cazando dos cazadores, muy lindos hombres; dixo el uno al otro: Tan bien me paresces, que yo querria saber tu nombre y de qué vives. Respondióle: Á mí me dicen don Venturoso, y vivo de cazar lo que desdichados no alcanzan; yo tambien querria saber lo mesmo de tí. Dixo el otro: Á mí me nombran don Bien-criado, y vivo de cazar lo que mal criados pierden; el Cortesano debe ser el uno que es don Bien-criado y cazará siempre lo que mal criados vienen muchas veces á perder, que es el cielo y la tierra; y puede ser el otro que es don Venturoso, porque el cielo da la ventura á quien trabaja de ganalle con bondades y no parencerias, como debe ser la crianza, que no ha de ser fingida para engañar, sino verdadera para contentar.

Tambien ha de ser pariente de la gravedad, como en este cuento diré: Un caballero de muy gran presencia y gravedad topó con una reina, de gran hermosura y auctoridad, que se paseaba sola por una deleitosa floresta, y díxole: Señora, ¿quién sois, que tanto contentais á quien os mira? respondióle: Yo soy la Reina de la gravedad; dixo el caballero: ¿Y por qué vais sola? respondió ella: Más vale soledad que mala compañía, que la gravedad ha de ir acompañada de virtudes y sola de vicios.

Tambien ha de ser varon con ley, como dixo un valeroso caballero castellano, en la guerra de Granada, nombrado don Manuel de Leon, que siendo muy amado, por su gran valentía, de un moro no ménos valiente que él, que se decia Muza, que fué cativado en una escaramuza, y trabajando el rey don Fernando y la reina doña Isabel que se hiciese cristiano, viéndose muy importunado, dixo: Yo no haré sino lo que me aconsejáre don Manuel Leon, mi gran amigo. Fué á hablalle por mandado de los reyes y díxole: Muça, si tú te pasas á nuestra ley y de corazon no fueres della, ni serás de la tuya ni de la nuestra, y quedarás hombre sin ley; no dexes de serlo, que no debe estar sin ley un momento el corazon para ser todo varon. Muy bien mostró este caballero tener lo que aconsejaba; pues hallándose en Roma, asaltado de malhechores una noche, hizo tan maravillosas cosas en armas, que siendo los contrarios muchos, los hizo pocos, venciendo á todos, huyendo de su gran corazon; y viendo esta hazaña un romano, dixo á su mujer lo que don Manuel de Leon habia hecho, y ella, enamorada de su gran valor, fuese á él y contóle lo que su marido le habia dicho, ofresciéndose para cumplir su voluntad si della se queria servir. A esto respondió él: Ios, señora, que muy mala obra haria yo á quien me la hizo tan buena, que fué vuestro marido; que jamas está sin ley l’agradescido.

Tambien ha de ser el Cortesano enemigo de pesadumbre,

Que si fuere pesadilla
No le cumple ir en Castilla
Ni en córte de Portugal;