Y pues me hicistes colmena, y’os haré della el colmenero, qué á la miel me supo el beso, y acabaré de dar á comer el panal de mi soneto, que, por ser á causa vuestra, será de miel; y pues sois traga-versos, empezad á comer estos dos, que dicen ansí:
Á fin de bien diré muchas verdades,
Que muchos van por esto sospirando.
Quiero decir que yo diré las verdades á los penados amadores para que sepan guardarse de las mentiras que se dan á entender, confiándose mucho para seguir lo que les hace sospirar, como á Joan Fernandez cada dia le sigue, que se confia merescer en amores tanto, como desmerece en dexarse engañar de una tercera, que le da á entender ser verdades las mentiras que le dice para engañarle, y no la quiere creer de las verdades para desengañarle, como oiréis en este cuento que os diré: Una tercera de Joan Fernandez emprendió de metelle en casa, diciéndole que su señora lo sabía, y no era verdad, y encerrólo en un gallinero dándole á entender que era el más seguro lugar para no ser descubierto, y que cantase alguna vez haciendo el gallo, que su señora subiria á esta señal; y como él un dia cantase, la señora dixo: ¿De dónde nos ha venido este gallo que nos canta en casa? y la criada le respondió: No lo sé, suba vuestra merced arriba y vello ha; y como las dos subiesen y la señora viese á Joan Fernandez en el gallinero, díxole: ¿Quién sois vos que estais ahí? respondióle: Señora, soy el gallo de la pasion; y la señora se fué riendo y él se quedó hasta la noche, que la criada lo echó de allí, lleno de piojos de gallinas.
Dixo Joan Fernandez: Pues vos habeis dicho un cuento de mí, yo diré un otro de vos, y es éste: Sepan que don Luis Milan se halló en una huerta pasada media noche, y era en una casa fuera de la ciudad donde él hacia entradas y salidas siguiendo sus aventuras en amores, y, como quisiese salir, halló la puerta falsa cerrada, y el hortelano tan borracho que nunca le pudo despertar. Fuéle forzado aguardar hasta la mañana, y al gran ladrar que un perro de la huerta hacia, el señor de casa con dos criados salió á ver por qué ladraba el perro. Y don Luis Milan, que los vió venir en punto de guerra, subióse en una higuera por no ser conoscido, y con un arcabuz que traia, amenazábales de arriba, diciendo: Guarda el arcabuz, y ellos decian: ¿Quién sois, quién sois? y él díxoles: Higo soy, higo soy. Y ellos, finados de risa, abrieron la puerta y él salió corriendo y ellos dándole grita, al higo, al higo, y así se salvó por donoso, haciéndose higo, como yo en el gallinero gallo.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si quereis trocar, yo me comeré vuestro gallo y vos comeos mi higo con el cuarteto de miel que os daré, que son estos cuatro versos del soneto:
Mi fin será que vayan escuchando
Para mostrar las fieras crueldades,
Qu’el dios d’amor, por campos y ciudades,
Á sombras va con sombras espantando.
Digo que mi fin es avisar que vayan escuchando los que están ó podrian estar enamorados, para saber las fieras crueldades que el dios de amor hace por campos y ciudades, desde el mayor hasta el menor, espantando con sombras que son todas sus cosas, á sombras que no son hombres, como le ha seguido á don Francisco, que sabiendo que’l dios de amor no tiene poder si no se lo da el amada para enamorar á su amador, ó el amador para enamorar á su amada, siendo tan sabido, no se ha podido guardar destas armas de Cupido, que sombras son para quien resistirle puede, y el que se deja vencer dél es más sombra que hombre; digámosle, pues, don Francisco sombra; aparéjese don Diego Ladron á comer la postre de mi soneto, que son estos seis versos, nombrados tercetos:
¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?
Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,
Por desear desvergonzadamente.
Desnudo va quien es desvergonzado,
No le creais, que no es Dios ni lo creo,
Que lo qu’es Dios no reina malamente.
DECLARACION DE LOS DICHOS VERSOS.