Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’os agradezco lo que vos debeis agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la error francesa contra la verdad española.
Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz. ¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas? Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras, porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os curase, que es vuestra enxarmadora.
Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía «Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.» Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decís y no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice: los que no tienen sentir, no saben agradecer.
Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.
Y no es poco
Que desto se vuelva loco,
Que sólo de vos lo está
Quien nunca envidiado há.
Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no revidaria con este envite:
Si n’os hubiera oido,
Pluguiera Dios que no fuera,
Porque yo no aborreciera
Cuantos han por mi tañido.
Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.
Dixo Joan Fernandez: Señoras, como á pan bendito habeis gustado y comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si es verdad.
Respondió don Francisco: