En el tiempo deleitoso de la hermosa primavera, cuando todo el mundo, para conservacion de la vida humana, saliendo del estremo invierno, entra en estos dos suaves hermanos Abril y Mayo, enramados con guirnaldas de flores y frutos, se hizo una real caza de monte de las damas y caballeros que aquí verán.
Salió el real duque de Calabria y la reina Germana, muy ricamente vestidos de terciopelo carmesí, broslados de hilo de oro, por invincion muchas matas de retama, que los granos dellas eran muy gruesas y finas perlas orientales de gran valor, diciendo á todas las damas: Mi invincion traigo por mote. A esto respondió la Reina con unos celos cortesanos, y dixo:
La retama es mi amor,
Y vos della el amargor.
Dixo el Duque sonriendo:
Mi amor es la retama,
Por mostrar sobrado amor,
Que en mí no está el amargor,
Sino en mi dama.
Gilot salió, que el Duque le habia vestido, de terciopelo verde, con una mona en la cabeza encima de una montera, y el mote que sacó decia: Por remedar, y y dixo á la Reina: Vostra altesa adevine qué vol dir la mona que yo he tret per invincio, que la retama clar parla que lo Duch mon senyor diu que no sols la ama, mas la reama. Respondió la Reina: Gilote, yo te adevinaré tu invincion: El Duque, mi señor, es lo verde que traes, que está en verdor, que se madurará su amor, y la mona por remedar, que en amor quiere engañar, como suelen todos los falsos hombres; y tú sales por majadero, que majarás en este banquete, por alcahuete. Gilote respondió: Seynora, vostra altesa es exida huy ab lo peu esquerre, y tot lo dia va coxo qui ab mal pensament hix de casa. Nom veurá mes en tota sa vida en jornades de plaer, que los celosos son gasta festes. Si de aci avant no acomana los cels á la cambrera don Ana de Dicastillo quels hi guarde en la cambra, que estes navarres son tan guardoses, que perzo he posat nom Navarra á una goza mia, per ques bona guardaroba. A esto respondió la camarera y dixo: Gilote, á la Reina, mi señora, no le pesa que seas alcahuete del Duque, mi señor, que pues no se puede escusar por haber tantos dese oficio, más vale que tú lo seas que no el Reverendo canónigo Ester. Respondió á la camarerael Canónigo, diciendo: Donos reverent ab tal sobrescrit, seynora don Ana, ¿qui li ha dit que yo so alcabot? Dixo la camarera: Señor canónigo Ester, en verdad que no se lo alevanto, que Gilote me lo ha dicho, y no sé qué me crea. Tomóse á reir como quien regaña el Canónigo, y dixo: La dob es bo pera uns guants, diu que no me alleva; allevantmo ab un no sé qué me crea, Senyora don Ana, yo li diré per quen diu alcabot lo bellaco de Gilot: En dies passats porti unes mendacions á la sua Beatriz de part de don Luis Vich, pera yo tenir entrada en sa casa, y Gilot haguen sentiment que estaba amagat escoltantme, y feuse á la finestra cridant com un orat: Veyns, veyns, socorreume, que un lladre tinch en casa. Y venint tot lo veynat diguerenli: ¡Á hon es lo lladre: Y ell dix: Vel vos aquí; lo canonge Ester es quem vol robar la honra, portant alcaboteries á la mia Beatriz, que pijor es que lladre un alcabot. Prenguérense á riure y dexárenlo tots pera qui es, que tal es com ell qui creu al orat.
Salió á esta caza don Luis Vique y la señora doña Mencía Manrrique, su mujer, con unas ropas de terciopelo morado, pasamanadas de oro y plata, llenas de unos ojales con un ojo en cada uno dellos, y el mote decia Vi que vi; y como la señora doña Mencía oyó al canónigo Ester, que habia traido á Beatriz de Gilote encomiendas de parte de D. Luis Vique, su marido, dixo: Señor canónigo Ester, si no hubiera emprestado mis celos á la señora doña Violante Mascó, mi vecina, que los ha bien menester, yo me hiciera celosa por haber traido vuesa reverencia encomiendas á Beatriz de Gilote de parte de D. Luis Vique, mi señor; y áun que os amparastes del nombre de mi marido para entrar en su casa, más me siento deso que si fuérades tercero, que no es bien tomar nombre honrado para hacer deshonras. Respondió el Canónigo, y dixo: Señora doña Mencía, Gilot es lo cornut, y vosa merced la celosa, y yo lo alcabot; parme que danzan los furios los tres, y lo señor D. Luis Vich, son marit, sen riu; dexen esta danza, que en jornades de plaer lo furios no sa de fer. Don Luis Vique, confirmando la razon del Canónigo, dixo á su mujer: Señora, el señor canónigo Ester dice bien y obra mal; disimúlense los celos en esta jornada y no gastemos la fiesta, pues yo disimulo la reverenda traicion que se me ha hecho, que entre en casa de Beatriz de Gilote el Canónigo, como alcahuete mio, para alzarse con ella.
Vino á esta caza D. Luis Margarite y la señora doña Violante, su mujer, con ropas muy bien divisadas y ricas, de terciopelo, aforradas de tela de oro; y entre unos recamos y brosladuras de cañutillo estaban unas medallas, y en las del marido los rostros dél y su mujer que se miraban el uno al otro, y el mote decia: Viola ante mi deseo que la veo.