Dixo don Francisco: Donoso sois, don Luis Milan, pues qué, ¿querríades vos que se os diese en amores lo que no se meresce, para que de no poderlo digirir de poco merescello os ahitase y que os matase una poplejía desamorada? Dexaos d’eso y no vais tras lo imposible por no parecer á Joan Fernandez y á don Diego; que vos y él os querríades que el amor os trujese con el plato de vuestro apetito, la perdiz que deseais comer en los amores; y si esto no se hace, luégo decis que el amiga es enemiga, pues no cumple vuestros deseos.
Dixo Joan Fernandez: Don Francisco maestr’escuela pareceis, pues habeis entrado en esta disputa como á determinador, con decir que don Luis Milan y yo vamos tras lo imposible diciéndonos lo que el refran dice: Tras lo imposible van los locos; ¿quién os ha dicho que nosotros tenemos esta locura? ¿supistes lo de la paloma de Mahoma que decia que por ella lo sabía todo? De ser moro en amores, venis á creer que don Luis Milan y yo tenemos lo que vos debeis tener, por lo que dicen: Piénsase el ladron que todos son de su condicion.
Dixo don Luis Milan: Departiros quiero con un cuento, pues me habeis dado con el hierro: El gran poeta Dante Florentino fué tan donoso como avisado, y los florentines le tenian en tanto como él los tenía en poco, por ver la ciudad de Florencia poblada de hombres que tenian de lo mucho poco, y de lo poco mucho; enhadado desto, desaparecióles de manera que iba entre ellos y no le podian hallar, y no podiendo vivir sin él no sabian qué hacerse para hallarlo; aconsejóles un sabio filósofo, y díxoles: El Dante es tan sabio que no le hallarán sino para responder y dar cabo á una muy avisada razon que la oyese comenzada y no acabada, porque no terná sufrimiento que esté sin acabar lo que está bien empezado; y’os aconsejaria que fuésedes diciendo por la ciudad estas palabras: ¿Qui sà lo bene? ¿Qui sà lo bene? Y diciendo los florentines esto, oyeron al Dante que iba disfrazado entre ellos, y respondióles: Qui ha provato lo male, qui ha provato lo male; que quiere decir: Aquel sabe el bien, que ha probado el mal. Yo he dicho esto sólo para mostrar que pues tanto he probado el mal del amor, sé qué cosa es bien, aunque nunca he gustado á qué sabe, como á don Francisco que le supo á miel rosate colado, y á Joan Fernandez á miel de azúcar, y á don Diego á vino cocho, que les alargaron con dulzuras los amores burlando dellos. Y por yo ser estado muchas veces acuchillado á casa del cirujano del amor que es el sufrimiento, dixe en mi soneto, como harto experimentado, que no se debia nombrar amiga la qu’es enemiga, y para prueba desto, truje por ejemplo á Dálida, que mejor se podia decir enemiga que amiga, pues hizo tales obras á Sanson. Dixe más, que poner impropios nombres son por casos feos, pues es impropio nombre decir enemiga á la que deberia ser amiga de su naturaleza, que por lo uno parece fiera, y por lo otro pareceria más hermosa; no lo digo por lo que ha dicho don Francisco, que yo querria que el amor me presentase la perdiz que deseo comer en los amores, y no me ha querido entender, pues lo que yo digo es esto: La dama puede hacer bien sin daño suyo, y á ésta se debe decir amiga, y á la que hace el contrario desto, la deben nombrar enemiga, que por sello la mia, quiero nombralla Dálida, pues siempre me mostró las caras del olvido, que son buena cara y mala obra, mostrando en la una esperanza y en la otra desesperacion; y así vamos vendidos como quien va entre enemigos.
Dixo don Francisco: Don Luis Milan, jugador de pasa pasa debeis ser; dixistes que pues os habiamos dado con el hierro, nos queríades dar con el cuento, y por sutilmente que habeis pasado las galas de vuestra gala, habemos sentido el hierro de tal cuento, acomparastes os al Dante y á nosotros á los florentines, haciendo mucho vuestras cosas y deshaciendo las nuestras.
Dixo don Diego: De aquí adelante os nombrarémos don Luis Milan de Piedra-iman, pues tirais la piedra y escondeis la mano; dixistes que los florentines tienen de lo poco mucho y de lo mucho poco, y acomparándonos á los florentines, ha sido decirnos, á tú lo digo, hijuela, entiéndete tú, mi nuera.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, perro escusero me pareceis, que mordeis sin ladrar, embozado habemos vuestro perro con estos apodos que os hacemos, pues no respondeis.
Dixo don Luis Milan: Pues esperaos un poco y vello heis; á don Francisco que me apodó á jugador de pasa pasa, yo le respondo con el nombre que le han sacado las damas, y es don Francisco pasa pasa, que no quieran que pare en ellas; y á don Diego que me dixo que me podian decir don Luis Milan de Piedra-iman le respondo que se le puede decir don Diego de Piedra-zufre, pues tiene la color dél; y á Joan Fernandez que me apodó á perro escusero, le respondo con lo que le dice su mujer: Joan, perro mocero, que va tras mozas carnicero.
Dixo don Francisco: Bien os habeis pagado don Luis Milan, y’os doy la mejoría si me decis quién son las damas y por qué me dixeron don Francisco pasa pasa.
Dixo don Luis Milan: Las damas no diré; la causa por que sacaron el nombre, fué porque pasando vos por allí os cantó la una dellas este cantar: Pasau el tempo que fuy enamorato.
Dixo don Francisco: ¡Ay que ya sé quién es! ¡ay que ya sé quién es!