La de Sanson fué Dálida nombrada,
Dálida es bien que nombre yo la mia,
Pues siempre vi las caras del olvido.
Mostró en la una ser de mí pagada,
Yo vi en la otra que no me queria,
Que entre enemigos va quien es vendido.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, nunca he oido mejor parecer que el vuestro, ni mejores quejas que las de Sanson; mucho querria saber cómo pasó esta tan gran traicion, vender Dálida su amigo á sus enemigos.
Dixo don Luis Milan: Y’os lo diré: Ya habréis oido decir la fuerza de Sanson cuán grande fué y la gran amor que á su amiga Dálida tuvo, pues oid el pago que della recibió, y fué este que diré: Deseando saber los filisteos, sus enemigos, en cuál parte del cuerpo tenía Sanson las fuerzas, rogaron á su amiga Dálida y diéronle mucho tesoro para que lo supiese, y como ella trabajase saberlo, rogaba con gran importunidad á su amigo Sanson se lo dixese, y él, no sospechando que lo quisiese saber por mal suyo mostrándole ella tan buena amor como él la mostraba, díxole: Dálida, tú sabrás que la gran fuerza que yo tengo es por gracia que Dios me ha dado, y por ser así sé que la tengo en unos cabellos que en medio de mi cabeza están, y si á mí me los cortasen, yo perderia todas mis fuerzas; y rogándole ella que se los dejase cortar para ver si era verdad lo que él decia, consintió que se los cortase, y viéndole sin las fuerzas que primero tenía, esecutó su traicion y dió entrada á los filisteos, sus enemigos, y sacáronle los ojos y dejáronle vivo para hacer burla dél; y por no morir muchas veces con esta vida muerte, determinó de acabar sus tristes dias desta manera que diré: Sintiendo ya cobradas sus fuerzas por haberle crecido los cabellos que Dálida le habia cortado, hízose guiar á un templo donde gran multitud de filisteos estaban, y abrazóse con unas columnas que sostenian todo aquel edificio y derribólas; donde murieron sus enemigos, y él por vengarse dellos.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, gran espanto pone la gran traicion que Dálida hizo á su amigo Sanson, que por interese del tesoro que hubo de los filisteos vendiese tan gran riqueza como fué la fuerza de Sanson para defension de los hebreos; una Dálida querria dar á Joan Fernandez para que anduviese como Sanson, sin ojos, entre las damas, rezando entre dientes por oracion la letanía que se rezó al dios d’amor cuando le ahorcaron en la justa de un amador, que desamador le digo yo, y que dixese, de las crueles damas, libera nos, Domine, para que armasen contra él uno otro ciego que le respondiese, contra el mocero Joan Fernandez, te rogamos audi nos.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, vos decis que me querríades ver una Dálida por amiga para que me acontesciese lo que le acontesció á Sanson, y si yo en tal me viese, á vuestra puerta rezaria los setenta y dos nombres que las damas os han puesto, para que se guarden de vos los que n’os conocen, y en esto les haria tan gran placer como vos les haceis pesar con vuestra lengua.
Respondió don Diego: Joan Fernandez, si á mí me quieren mal las damas por la lengua, á vos n’os quieren bien por la boca, que os hiede de tomar y dar paz con ella donde os sería mejor tener guerra; lo que yo digo es esto que dice don Luis Milan en su soneto con estos versos:
¿Por qué dirán amiga al enemiga
Siendo enemigos nuestros sus deseos?
Dixo don Luis Milan: Don Diego, no me revolvais con las damas, que en mi boca no les parescerá mal esa razon como en la vuestra que teneis bocaje; pues bien entendido, como yo lo digo, no es decir mal, que impropio nombre es decir amiga á la que hace obras de enemiga.