Dixo la señora doña Mencía Señora doña Luisa, paréceme que nos ha hecho mataciervos, y ellos no se dejan matar, por ser muy grandes corredores, que no hay saeta de amor que los alcance, que los hombres muy de burlas no pueden ser muy de véras, y éstos son los que toman las burlas de véras y las véras de burlas; y de esto que nos alevanta nunca nos pedirá perdon, pues escusa su pecado diciendo, que no es maldecir de aquello qu’es pública fama, ser nosotras burladoras de quien nos ama, qu’es la mayor infamia que puede ser, pues la ley nos manda que amemos á quien nos desama; cierto él se irá al infierno por donoso y no le valdrán sus donaires para salvarse de las penas que á los infamadores dan.
Dixo la señora doña Castellana: Pues lo bueno es que se nos ha hecho consejero diciendo que sigamos aquel refran que dice: Haz siempre bien y no mires á quién, que bien hacer da buena mesa y cama. Tras eso anda él, y merece, por lo que nos alevanta, que el amor le dé cama de galgo y mesa de hospital.
Respondió la señora doña Violante: Él verná á ser confesor, pues nunca fué mártir en amores; ermitaño de Monte Olivete le querria ver, que yo iria á confesarme con él, pues preica tan bien como veis, diciendo que irémos al más profundo infierno si no vamos por el camino de su voluntad, y es que amemos á quien nos ama, y debe ser que á él le debe ir mal en amores y querria ser amado, como muestra á la fin del soneto diciendo á su dama: Que pues ella tiene el gobierno suyo bien mandado y enfrenado, hecho caballo de amor, que no le ensille burlando dél, como hacia Laura á su Petrarca, que lo gobernaba como á caballo bien enfrenado, que, en desmandarse de confiado, le daba una sofrenada, y en acobardarse de triste, le aflojaba la rienda, segun nos contaba don Luis Milan un dia delante su Margarita, que de velle muy triste le dixo: Alégrate, que pues escribes como el Petrarca, yo leeré tus obras como Laura.
Dixo don Diego: Señoras, mudar de bien en mejor es gran cordura; si parece á vuestras mercedes, vamos al Real y presentemos al Duque y á la Reina la farsa, y nosotros harémos otra con sus damas, porque sepan nuestro palacio ser tan bueno como el suyo.
Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, yo soy de su parecer, que tan bueno es mudar de bien en mejor, como es malo de mal en peor.
Ya querria que estuviésemos allá por meter la guerra en casa ajena y sacarla de la nuestra, pues aquí ya estaba comenzada contra don Luis Milan y sus valedores, y vos, señor don Diego, empezaréis la escaramuza con las amazonas de la Reina que pelean diciendo: Que no se pueden decir damas sino las de palacio, y nosotras entrarémos á pelear con ellas como á valedoras vuestras.
Dixo don Diego: Señora doña Mencía con tal valenza la victoria tenemos cierta, vamos: Que mucho se gasta en tardar lo que se debe ejecutar.
Hé aquí el Duque que ya sale del Real, á buen tiempo allegamos: Señor, mande vuestra excelencia que se haga la farsa en el Real y será sacar de necesidad á don Luis Milan, que las damas que traemos habian movido una escaramuza contra él, que no podia acampar de muerto ó preso, y pues aquí verá cara de rey, será salvo, puesto que más vale ser buen preso que mal libertado.
Dixo el Duque: Bien me parece lo que habeis determinado, id al apear de la Reina.
Joan Fernandez llegó primero y dixo: Vuestra alteza sírvase de mí para tablas de apear y serémos el Cristóbal y el Jesus, pues siempre le tiene en la boca cuando me ve, como si yo fuese el enemigo.