Dixo la Reina: Por mi fe yo no me fiaria de vos por un refran que dicen en valenciano; doña Hierónima, adevinaldo y responded á vuestro marido, que yo no acertaré.
Respondió la señora doña Hierónima: Mes val ase quem porte, que caball quem derroque; no se si acerti á dir lo que vostra altesa volia.
Dixo Joan Fernandez: Mirad qué duda, para decir mal del marido, si habia de acertar la mujer.
Dixo don Diego: Vuestra alteza y su excelencia sean nos jueces quien terná más razon, ó las damas de su casa ó las de Valencia, en lo que dirémos.
Señora doña Beatriz de Osorio: Vuestra merced y estas otras señoras de palacio, lo quieren ser tanto, que emprenden á defender que no se pueden decir damas sino las que están en él; y seréis la torre de Babilonia que quiso subir tan alto cuanto abajó: Que no se debe comenzar lo que no se puede acabar.
Respondió la señora doña Beatriz: Don Diego, pues decis que somos la torre de Babilonia, vos sois el que la mandó hacer, que de soberbio era un Lucifer; lo de nosotras no es soberbia, sino ley.
Dixo don Francisco: Señora doña Beatriz, no puede ser ley lo que en ley no está; en Castilla debe ser hecha sólo para contra Valencia, que segun las gentes dicen, suegra y nuera son entrambas.
Dixo la señora doña Joana de Guzman: Don Francisco, en Castilla no hacen leyes para contra Valencia, y si yo las hiciese diria: Don Francisco y burlador padre y hijo son entrambos.
Dixo Joan Fernandez: Si vuestra merced hiciese esa ley, aquí le harian otra que diria: