[334] Perdigado es, ciertamente, como dice el señor Bonilla con Covarrubias, «el que está señalado para hacer alguna justicia del». Pero, siendo eso, es también algo más: pruébalo el no convenir al perdigado del texto la definición del Tesoro. Perdigarse es, figuradamente, «disponerse a hacer bueno o malo», como dice Correas en su Vocabulario de refranes ..., página 601 a, y perdigar, según el léxico de la Academia, «disponer o preparar una cosa para un fin». Ahora sí se entiende el lugar del texto.
[335] De allá: de Dinamarca, dicho irónicamente por alusión a Oriana, la fiel amada y amante de Amadis de Gaula, a la cual se suele llamar la Doncella de Dinamarca en la historia de este caballero andante. Asimismo la recuerda Tomás en La Ilustre fregona de Cervantes, a propósito de las desenvueltas mozas de la posada del Sevillano: «¡Mirad qué doncellas de Dinamarca nos había ofrecido la suerte esta noche!»
[336] Refiérese a Andrés de Claramonte y Corroy, famoso escritor y representante murciano.
[337] En la edición príncipe, por errata, entre los dos.
[338] En la legua, o, lo que es lo mismo, entre los cómicos de la legua, a la manera que se decía en el siglo y en la religión.
[339] Amarilis, nombre con que era conocidísima la célebre comedianta María de Córdoba, mujer de Andrés de la Vega, autor de comedias, es decir, director y empresario de compañía.
[340] La expresión es elíptica al par que hiperbólica: quiere decir que no sabría, no ya representar lo que representaba ella aun con lo más humilde: con su zapato; pero ni mirarlo siquiera.
[341] Se refiere, como dice el señor Bonilla, a la comedia del bizarro ingenio valenciano intitulada Dido y Eneas.
[342] Devolviendo una imputación ofensiva, o rechazando una exigencia inadmisible, solía y suele añadirse, por énfasis y tu alma, o y su alma, bien que no lo registre el Diccionario. Véanse algunos ejemplos. Pérez de Montalván, en la jorn. I de Santo Domingo en Soriano:
«PIERRES. ...Pero llégate al difunto
y pregúntale a qué viene.