[325] Refiérese a los cuellos que llamaron valonas. Los llevaban estos comediantes en los sombreros, para no ajarlos ni ensuciarlos por el camino.
[326] Dice festivamente ciclanes de estribos, para indicar que llevaban uno, y no dos. «Ciclán—Dice Oudin en su Tresor—vn qui n'a qu'vn testicule, que nous disons leger d'vn grain.»
[327] Así, le sirven, en la edición original. El señor Bonilla añadió entre corchetes la s que gramaticalmente falta; yo no, porque más bien que a supresión mecánica de una de dos letras iguales e inmediatas, hubo de deberse esta omisión a emplear el le como dativo de plural, fenómeno sobre el cual, anotando el Quijote, llamé la atención más de una vez (II, 217, 6; III, 106, I; VII, 329, II, y VIII, 67, 3).
[328] Representantas, como lo dijo Lope en el epígrafe de uno de sus sonetos, mal que pese a los feministas de hoy, que quieren que se diga la consejero, la catedrático y aun la maestro. Cervantes decía preguntanta (Quijote, II, 62).
[329] Recalcado, como adverbio: recalcadamente. Otro autor, no recuerdo cuál (quizás Quevedo), llamó hablar jeringado al hablar así, y está muy propiamente dicho, porque denota bien que salen las palabras premiosamente alquitaradas y como empujadas por el émbolo de una jeringa. Recalcado y jeringado, lo mismo que en otras calendas, siguen hablando hoy los malos cómicos, dentro y fuera del teatro.
[330] Los escritores de la última moda (dernier cri, suelen decir ellos) omitirían hoy la preposición y escribirían galicadamente: «... que habían robado Lisboa, asombrado Córdoba y escandalizado Sevilla, y que habían de despoblar Madrid....» Y es lo peor que, como todo se pega, menos lo bonito, hasta periódicos que siempre blasonaron de escribir a lo castizo han entrado por la pésima costumbre de prescindir de esa preposición en tales casos.
[331] Probablemente sería persona de carne y hueso este tundidor de Écija, poeta a ratos. A vivir todavía mi buen amigo ecijano don Manuel Ostos y Ostos, él, con aquella grande afición que siempre tuvo a la historia de su ciudad, buscaría y rebuscaría, hasta hallar noticias de este autor de loas mencionado por su ilustre paisano Luis Vélez de Guevara.
[332] Severo, en la acepción de grave, serio, mesurado, como y indiqué en otro lugar (99, 8)[263].
[333] Este verso, que en la edición original está impreso a renglón tirado, como prosa, es del conocidísimo romance de Nerón:
«Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños e viejos,
y él de nada se dolía.»