«ITALIANO. En la Italia no azotamo
en la antífona.
COSME. Es que pagan
por donde pecan.»
[321] Toda esta reyerta con unos extranjeros es, como advirtió Pérez y González, reminiscencia e imitación de un pasaje quevediano de La Hora de todos y la Fortuna con seso: «Venían tres franceses por las montañas de Vizcaya a España, el uno con un carretoncillo de amolar tijeras y cuchillos por babador, el otro con dos corcovas de fuelles y ratoneras, y el tercero con un cajón de peines y alfileres. Topólos en lo más agrio de una cuesta descansando un español que pasaba a Francia a pie, con su capa al hombro. Sentáronse a descansar a la sombra de unos árboles: trabaron conversación.» Departen largamente, y en la plática sale a relucir el sanar de lamparones el Rey de Francia, y al cabo los cogió la hora y desatinando la cólera al español, dijo: «Los demonios me están retentando de mataros a puñaladas, y abernardarme, y hacer Roncesvalles estos montes. Los bugres, viéndole demudado y colérico, se levantaron con un zurrido monsiur, hablando galalones, pronunciando el mon diú en tropa, y la palabra coquín». Y enrédase gran batahola, hasta que unos pasajeros los desparten y se llevan al español a las ancas de una mula.
[322] De Peralbillo o Peroalbillo, lugar cercano a Ciudad Real en donde la Santa Hermandad ajusticiaba, asaeteándolos, a los malhechores, dijo Pedro de Medina en su Libro de grandezas y cosas memorables de España (Sevilla, M.D.xlix, fol. lxxxiij): «Saliendo yo desta ciudad para Toro, vi junto al camino en ciertas partes hombres asaetados en mucha cantidad, mayormente en vn lugar que se dize Peraluillo, y más adelante en vn cerro alto a donde está el arca, que es vn edificio en que se echan los huesos destos asaetados después que se caen de los palos....» Por esto último llama Vélez cecinas a tales despojos humanos, añadiendo de Gestas, en recuerdo del Mal Ladrón.
[323] Bohemio, según el Diccionario de autoridades, era «especie de ropa o capa pequeña al modo de capotillo, que pudo traher su nombre de la provincia de Boemia». Franciosini, en su Vocabulario español e italiano, había dicho de esta prenda: «un mantelleto cortissimo, che in Ispagna soglion portar le donne quando vanno di fuora.»
[324] Era el chapín—según Covarrubias—«calçado de las mugeres, con tres o quatro corchos: y algunas ay que llevan treze por dozena....» Dice Vélez con plata, porque acostumbraban poner a los chapines virillas de plata, tan anchas a las veces como indicó Tirso en el acto I de La Huerta de Juan Fernández:
«TOMASA. ...No gastara la mulata
manto fino de Sevilla,
ni cubriera la virilla
el medio chapín, de plata....»
Y llegó a ser tan general lo de las virillas de plata, que los tenían con tal adorno hasta las cortesanas de medio pelo. Quevedo pinta con chapines de esta clase a una cortesana ociosa (Musa VI):
«A la jineta sentada
sobre un bajo taburete,
con su avantalillo blanco
y su vestidillo verde,
en valoncilla redonda
y perlas con brazaletes,
con apretador de vidro
y rizas entrambas sienes,
con herraduras de plata
y faldellín de ribetes....»
Los chapines se ponían sobre los zapatos; pero, pues yendo las comediantas en sus jamugas, no los habían de llevar puestos, llevábanlos colgando de los respaldares, como dice el autor.