TARJETA. Pues bébale él y su alma

[343] Esta expresión es una de las más malas de entender que hay en El Diablo Cojuelo, con haber otras muy oscuras y difíciles. Por lo de Roncesvalles alude a la memorable batalla en que nuestro Bernardo del Carpio derrotó a los franceses y en que murieron los doce pares de Francia. Molino del papel se llama al edificio donde, para fabricarlo, se comienza por moler y reducir a pasta los trapos de que se hace. ¿Habría en Roncesvalles cuando se escribió El Diablo Cajuelo, o poco antes, algún molino de papel? Porque si se averiguara que lo hubo, sería fácil de entender la afirmación, ya claramente burlona, de que la venta, a no llegar el Ventero con la Hermandad, habría sido un Roncesvalles del molino del papel; esto es, una parodia de la batalla de Roncesvalles.

[344] Con la Hermandad, o sea con algunos cuadrilleros de la Santa Hermandad, que, como es bien sabido, era una de las tres santas de quienes se dijo: «Tres Santas y un Honrado traen al Reino agobiado».

[345] Tantos, en la acepción de fichas o pedrezuelas menudas, propias para señalar los puntos que se ganan en ciertos juegos. Nuestro autor quiere decir que los jarros, tinajas y platos quedaron hechos tiestos menudos, tan pequeños como para servir de tantos a los jugadores. Lo mismo Quevedo, en la primera de sus jácaras (Musa V):

«Sobre el pagar la patente,
nos venimos a encontrar
yo y Perotudo el de Burgos:
acabóse la amistad.
Hizo en mi cabeza tantos
un jarro que fué orinal
y yo, con medio cuchillo
le trinché medio quijar.»

[346] Como una parte del producto de los teatros, en Madrid y en muchos pueblos, se aplicaba al sostenimiento de las casas de beneficencia, cuando estas mismas no eran propietarias de los coliseos, y las de la Corte necesitaban siempre esta importante ayuda de costa, cuidábase de que no faltaran compañías, requiriendo de orden del Consejo de Castilla a tales o cuales comediantes de los que andaban por otras regiones de España, para que acudiesen a Madrid, y hasta despachando algún alguacil que los condujese. Vea el curioso el citado libro de Pérez y González, págs. 87 y siguientes.

[347] Sabido es que de los camaleones cree el vulgo que se mantienen del aire.

[348] En lo del mayor Mecenas se refiere nuestro autor al Conde Duque de Olivares, hijo, en efecto, de don Diego López de Haro, quinto marqués del Carpio.

[349] Aunque la edición príncipe estampa gamenosas, y así, dicho de esas mismas dehesas, recuerdo haberlo leído en la comedia El amigo hasta la muerte, de Lope de Vega, ha de leerse gamonosos, de gamón (asphodelus ramosas), planta espontánea por la cual se dijo «Año de gamones, año de montones», bien que otros, burlándose del vaticinio refranesco, lo modifican así: «Año de gamones, año de hambrones» (pág. 5 de mi libro intitulado Los Refranes del Almanaque; Sevilla, 1896).

[350] Esta fábula de la antigüedad había sido creída por hombre de tan buen entendimiento como Ambrosio de Morales, pues dijo en Las Antigvedades de las civdades de España (Alcalá de Henares, Juan Núñez de Lequerica, M.D.LXXV), fol. 32: «De tal manera son celebrados sobre todos los del mundo [los caballos españoles], que nadie les sale a la competencia. No es en ellos encarecimiento fabuloso de nuestros cauallos, aunque a Iustino le parezca tal, que las yeguas en Portugal y cerca de Lisboa se empreñauan del viento. Que clara verdad es de Plinio, que lo pudo ver estando acá, y de Marco Varron, que dize ser cosa aueriguada, y trae sus conueniencias, para que a nadie parezca estraña ni impossible. Más de propósito lo prueua con razones naturales Columela, y como español, que bien lo sabía, lo da por cosa manifiesta, y en que nadie dudaua.... El potrico que desta preñez nacía sacaua la ligereza de su padre el viento; mas no era de prouecho, pues jamás passaua de tres años.»