Y Altisidora, en el Quijote (II, 57), apostrofa en burlas al desdeñoso Caballero manchego, diciéndole:
«Cruel Vireno, fugitivo Eneas,
Barrabás te acompañe, allá te avengas.»
La frase de mala mano, que falta en el Diccionario de la Academia, se decía de los malos pintores y de sus obras, y de ahí se pasó a decirlo figuradamente de otras muchas cosas, equivaliendo a de mala calidad o de poco mérito. Véanse algunos ejemplos. Quijote, II, 52: «Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija con un pintor de mala mano....» Lope de Vega, en el acto I de Santiago el Verde, por boca de Celia, refiriéndose a que se solían pintar buenas manos en los retratos:
«Los pintores dan en eso,
porque, por lo menos, digan
que es de buena mano el lienzo.»
Y Castillo Solórzano, en el Entremés del Casamentero:
«MUJER. ¿Un poeta en crepúsculo? Bien dijo:
que hay versos que, con ser de mala mano,
por escuros parecen del Ticiano.»
[444] Alude nuestro autor a la vulgar creencia de que el avestruz digiere el hierro. A lo propio se refirió Rojas Zorrilla en la jorn. I de El Desafío de Carlos Quinto:
«D.ª LEONOR. Ea, don Luis, vuelve en ti;
tu brazo la pica empuñe;
el coselete en tu pecho
al Otomano deslumbre;
digiere aquel hierro ardiente
que el tiro de bronce escupe,
y sean para sus balas
tus entrañas avestruces.»
[445] A ser esto así, se habría acrecentado su peso en ocho arrobas desde el tiempo en que Morgado escribió su Historia de Sevilla, pues dijo en ella (pág. 317 de la reimpresión): «En lo que menos se imagina, se manifiesta también la gran magestad y riqueza de la Sancta Iglesia. Pues ¿quién dirá que el Cirio Pascual (que a su tiempo se pone en la Capilla Mayor muy dorado y labrado) tiene de peso setenta y seys arrobas de cera?»
[446] De este famoso candelero dice Morgado en su Historia de Sevilla que «es la mayor parte de bronze», y que lo juzgan «por el más curioso y que más tiene que ver (con quinze figuras de Sanctos de bulto por el alto) que otro ninguno. El qual por su mucho peso tiene en los assientos sus ruedas de bronze, con que lo llevan dende la sachristia, donde se guarda, al choro por las semanas sanctas». Con hipérbole andaluza trató del cirio pascual y del tenebrario de la Catedral de Sevilla aquel cicerone que figura en Los Antoios de meior vista de Rodrigo Fernández de Ribera (fol. 6 de la edición príncipe): «¿A visto v.m., dijo, un Candelero de Tinieblas, en que se ingieren las velas con que se dicen? Pues dos mil i sietecientos i treinta i seis quintales, docientas arrobas i diez libras de bronce tiene, i creo que cinco onças. Poco cree v.m. de tanto peso, repliqué yo. Pero todo me le [e]chó encima quando me lo acabó de decir, i sin dejarme respirar, aunque dejó el Candelero, prosiguió: Pues si v.m. aguarda a la Pasqua Florida, que bien podrá por esto solo (i era por san Iuán), verá un Cirio, que de solo cera, sin el pavilo, que es de algodon de la India de Portugal, i se trae para solo esto cargada una nave.... Ahorrele la traída de la cera, i quedeme a descansar entre tanto algodon....»