[447] De esta famosa custodia dice Morgado (pág. 313 de su Historia de Sevilla) que Juan de Arfe tardó seis años en hacerla, y añade: «Tiene de altor tres varas y media, sin la Cruz de vna quarta que lleva por remate. Tiene de peso mil y trezientos marcos, que hazen veynte y seys arrobas de plata, y de costa treynta y seys mil ducados, con todas hechuras....»
[448] El antiguo monumento de la Catedral de Sevilla, al cual—dice Morgado (pág. 314)—«con razonable conjetura se le da el nombre de Templo de Salomón..., es de forma octógona, con quatro vistas principales, de a nueve pies de coluna a coluna, y otras quatro vistas menores con la mitad de claro de las mayores».
[449] Nuestro autor juega del vocablo, por el doble significado de lonja, y alude a que la de Sevilla, como San Lorenzo del Escorial, fué traza de Juan de Herrera. La universidad de mercaderes sevillanos acordó en 1585 levantar este soberbio edificio frente a la puerta de San Cristóbal, de la Catedral, y en él se empezó a negociar a 14 de agosto de 1598.
[450] Así, Adtlante, en la edición príncipe, y aun pudo decir Adlante, sin la t, porque así solía y suele pronunciarlo el vulgo. En otro lugar (tranco X) leeremos ridmo, por ritmo.
[451] Acerca del Retiro, o Buen Retiro, el curioso puede ver el interesante capítulo que le dedicó Mesonero Romanos en El Antiguo Madrid, tomo II, págs. 161-175. Para una nota baste decir que la fundación de este real sitio se empezó el año de 1631, por lo que se llamó el Gallinero, junto a la huerta de San Jerónimo; que en 1632 se terminaron la plaza y cuerpo principal del palacio; que en octubre del mismo año se efectuó en ella algún juego de cañas, y que de entonces en adelante el Retiro fué lugar de frecuentes y fastuosos divertimientos cortesanos, entre los cuales tuvieron preferencia las representaciones de obras de los más celebrados autores de aquel tiempo: Calderón de la Barca, Mendoza, Solís, etc. De los antiguos edificios del Retiro sólo uno resta en pie: el vulgarmente llamado el Casón, donde al presente está instalado el Museo de Reproducciones Artísticas.
[452] Muchas ediciones leyeron enjauladas, siguiendo a la de Zaragoza, 1671. En la de Vigo, 1902, el señor Bonilla declaró que «enjaguadas está por purificadas o depuradas», e intentó apoyarlo en Covarrubias y el Diccionario de autoridades. Pérez y González, entendiendo que en el pasaje del texto «ni el enjaguar ni el enjuagar ni el enjaular encajan», conjeturó que se trataba de una errata y que debía leerse amen-guadas donde la edición príncipe estampó enja-guadas, «y cuando menos—añadió—, el sentido de la frase quedará completo y claro, sin necesidad de meter las grandezas en jaulas como si fueran loros, ni de echarlas en lavaderos como si se tratara de ropa sucia». En su edición de 1910 Bonilla insiste en que «enjaguadas (metátesis de enjuagadas) encaja perfectamente en el texto», pues al decirse del Real Salón del Buen Retiro que «todas las admiraciones vienen cortas, y las mayores grandezas enjaguadas», se da a entender «que toda alabanza era escasa, y que las mayores grandezas se encontraban allí mejoradas, depuradas, purificadas, elevadas a un grado superior».
Creo que serán contados los que acompañen al señor Bonilla en la persuasión de que, entendido como él propone, queda claro el sentido del pasaje, y por ello he de probar a explicarlo. Enjaguar, de donde por metátesis se dijo enjuagar, proviene de ex aquare, y ante todas cosas significa ensaguar, o enaguar, esto es, aguar, una de cuyas acepciones vulgares, regístrela o no el Diccionario, equivale a aminorar de calidad alguna cosa, como sucede al vino cuando se agua. Entendido así, está clara la expresión, y se conserva el paralelismo o correlatividad que existe (siquiera no la viese el señor Bonilla) entre la afirmación de que «todas las admiraciones vienen cortas», y la otra afirmación de que «las mayores grandezas [vienen] enjaguadas», o aguadas, que es como decir, bastardeadas, o desmejoradas: frustradas; que esta acepción, figuradamente, suele tener el verbo aguar, y así se dice se aguó la fiesta; me aguaron el contento. Quien dude que enjaguar o ensaguar significa ante todo aguar, vea si ensangostar y ensanchar (de ex angustare y ex ampliare) no significan respectivamente angostar y anchar, verbo este último que, como enanchar, se usa en Andalucía y en algunas repúblicas hispanoamericanas.
[453] De la enormidad de riquezas que solían pasar por la Casa de la Contratación de Indias dije algo en el discurso preliminar de mi edición crítica de Rinconete y Cortadillo, pág. 11.
[454] Tratando de la Plaza de la Universidad y Colegio de Maese Rodrigo, dice don Félix González de León en su Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos de ... Sevilla, y de muchas casas particulares ... (Sevilla, 1844), tomo I, pág. 146: «La casa oriunda de los señores Vicentelos de Leca, hoy Condes de Cantillana, es otro de los edificios que están en esta plaza, como ya se dijo. Esta casa, comúnmente conocida por la del Corzo..., es una de las magníficas de esta gran población. Se entra por un patio zaguán en que, como en todas las principales, están las cocheras, caballerizas y cuartos de criados, y se pasa al patio, cuadrado, diáfano y alegre, con sus respectivos corredores bajos y altos formados de arcos sobre iguales y hermosas columnas de mármol. En él están las multiplicadas y amplias habitaciones, muchas de ellas, cubiertas sus paredes de ricos alicatados de buenos azulejos, y el piso de losas de Génova. Hay también ameno y delicioso jardín y las piezas del piso alto están cubiertas de muy costosos artesonados.»
[455] Quiere decir que así como es forzoso a las personas cumplir con la parroquia, esto es, confesar y comulgar, a lo menos una vez en el año, así también era forzoso a los toros tarifeños y jarameños experimentar cada año los rejones del Conde de Cantillana. Es juego de palabras revesado, sobre irreverente.