[475] El hallarse muy bien el Cojuelo en Sevilla conviene con lo que Santa Teresa de Jesús dijo de esta ciudad en el cap. XXV de su Libro de las Fundaciones: «No sé si la misma clima de la tierra, que he oído siempre decir los demonios tienen más mano allí para tentar, que se la debe de dar Dios, y en esto me apretaron a mí, que nunca me vi más pusilánime y cobarde en mi vida que allí me hallé: yo, cierto, a mí mesma no me conocía.»
[476] Alfaneques se llamaban unos halcones muy usados por los cazadores de cetrería, y volar está dicho, no en la acepción germanesca de hurtar, como creyó el señor Bonilla, sino, aunque figuradamente, en la cinegética de hacer que el ave se levante y vuele. Bretón sí está usado en la genérica y germanesca de extranjero. Así, la frase alfaneque de volar una bolsa de bretón equivale a tercera a propósito para trasponer la bolsa de cualquier extranjero incauto desde la faldriquera de éste a las sonrosadas uñas de cualquiera doncellita de alquiler.
[477] Doncelliponiente, a imitación de barbiponiente o barbipungente, que se dice del mancebo a quien empieza a salir la barba, pero también del principiante en una facultad u oficio. Nuestro autor, pues, llama doncelliponientes a las jóvenes aún poco experimentadas en la venta y reventa de su doncellez, y necesitadas, por tanto, de los sabios consejos de la experta mulata.
[478] Acuchillado, esto es, abierta a trechos la tela y puestos en las aberturas piezas fusiformes de otro tejido, de color diferente de aquélla.
[479] Llamaban y llamamos cotonía a cierta tela hecha de hilo de algodón. Son tan añejos esta tela y su nombre, que nuestro vulgo, cuando quiere ponderar la antigüedad de un dicho o costumbre, suele decir: «Eso es más viejo que la cotonía.»
[480] Ponleví, del francés pont levis, puente levadiza. «Forma especial—dice el Diccionario de la Academia—que se dió a los zapatos y chapines, según moda traída de Francia. El tacón era de madera, muy alto, inclinado hacia adelante y con disminución progresiva por su parte semicircular, desde su arranque hasta abajo.» A mi ver, huelga en esta definición la referencia a los chapines, pues éstos jamás tuvieron tacón; al contrario, el zapato con tacón vino a sustituírlos, dando, aunque sólo en el carcañal, la altura que el chapín daba a todo el pie. Al tacón solían llamar talón. Lope, en el acto I de El Desprecio agradecido:
«D. BERNARDO. Cien escudos tenéis ciertos
por un zapatillo suyo.
INÉS. ¿Tan prestísimo?
D. BERNARDO. Soy tierno.
INÉS. Pues ¿para qué le queréis?