«Esta redoma rebosando babas,
el cedazo que sabe hacer corvetas,
estas que se metieron a profetas,
con poco miramiento, siendo habas....»

Ahora bien, ¿quiere el lector ver qué corvetas eran las que sabía hacer el cedazo de la vieja de Quevedo? Pues sin ninguna clase de hechicería nos lo va a revelar María López, que era vecina de Malagón por los años de 1625; la cual, dando su declaración en causa contra Ana Hernández (Inquisición de Toledo, legajo 88, núm. 117), manifestó que esta Ana le pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería, dijo que tenía un mozo en Almagro y deseaba saber si la esperaba o si había de venir; «y tomó las tisseras y las hincó en el aro del çedazo la una punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tissera, y la otra tissera puesta en cruz, colgando el çedazo dellas, y diciendo unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el çedazo muy reçio a la redonda, y le dixo la susodicha: «Yo me voy mañana, que me esperan»; y quando no era ansi lo que quería, se estaba quedo el çedazo».

Las palabras que María López no había entendido eran el conjuro propio del sortilegio. Tengo hasta cuatro o cinco versiones de él, halladas en otros tantos procesos inquisitoriales; pero las dejo a un lado, prefiriendo una recogida de la tradición oral en nuestros días, de boca de ciertos gitanos errantes, por mi buen amigo don Pedro Díaz Cassou, excelente folklorista murciano, con el nombre de Orasión der seaso. Dice así:

«San Simón,
suerte quiero arcansá,
que me digas la berdá,
las tijeras están agarrás;
en er seaso están clavás;
personas que reselo boy a nombrá;
que ande er seaso si la sospecha es berdá.
San Simón que lo sabe lo declarará.
Entro y consiento en er pauto creminá.»

¿Está ahora bien claro que andar el cedazo y adivinar por tela de cedazo son dos cosas distintas, aunque el cedazo sea un solo cedazo verdadero?

[488] Ruiz de Alarcón, en el acto I de Mudarse por mejorarse, explicaba así la razón del nombre de esta calle:

«LEONOR. ¡Calle Mayor! ¿Tan grande es,
que iguala a su nombre y fama?

D.ª CLARA. Diréte por qué se llama
la calle Mayor.

LEONOR. Di, pues.

D.ª CLARA. Filipo es el rey mayor,
Madrid, su corte, y en ella
la mayor y la más bella
calle es la calle Mayor.
Luego ha sido justa ley
la calle Mayor llamar
a la mayor del lugar
que aposenta al mayor rey.»