LISARDO. ¿De qué suerte?

ALFÉREZ. Crecen tan bien aquí, que la más fuerte
sembrarla por la noche me sucede,
y a la mañana ya regarse puede.

LISARDO. De vuestro humor, por Dios, me estoy riendo.

ALFÉREZ. Por la mañana yo, al irme vistiendo,
pienso una mentirilla de mi mano,
vengo luego, y aquí la siembro en grano,
y crece tanto, que de allí a dos horas
hallo quien con tal fuerza la prosiga,
que a contármela vuelve con espiga.
Aquí del Rey más saben que en palacio;
del Turco, esto se finge más de espacio,
porque le hacen la armada por diciembre,
y viene a España a fines de setiembre....»

[512] En la edición principe, sin duda por yerro del impresor, se lee así, y lo mismo en las del señor Bonilla: «¿Qué entierro es este tan sumptuoso, preguntó don Cleofás, que passa por la calle Mayor, que estaua tan aturdido....»

[513] El lujoso entierro del Astrólogo sería, plus minusve, como aquel que pinta Quevedo en El mundo por de dentro: «En esto, llegamos a la calle Mayor.... Tomamos puesto conveniente para registrar lo que pasaba: fué un entierro, en esta forma: venían envainados en unos sayos grandes de diferentes colores unos pícaros, haciendo una taracea de muñidores. Pasó esta recua incensando con las campanillas; seguían los muchachos de la Dotrina, meninos de la muerte y lacayuelos del ataúd, chirriando la calavera; seguíanse luego doce galloferos, hipócritas de la pobreza, con doce hachas, acompañando el cuerpo y abrigando a los de la Capacha, que, hombreando, testificaban el peso de la difunta....»

[514] Como si dijera, tal como suele decirse: ¡Con su pan se lo coma!

[515] Vendíase, en efecto, mucha fruta en la Puerta del Sol.

[516] El antiguo Hospital Real de Corte se llamó, como su iglesia, del Buen Suceso, por una imagen de la Virgen que bajo tal advocación se veneraba en ella. «Esta plaza—dice Mesonero Romanos (El antiguo Madrid, tomo II, pág. 115)—, o más bien espaciosa encrucijada de las diversas calles principales de la población, presentaba la figura que todos recordamos, de un prolongado trapecio, y se hallaba dominada en su frente principal, entre las calles de Alcalá y San Jerónimo, por la modesta fachada de la iglesia del Buen Suceso, la cual, antes de la ocupación francesa, estaba algo más decorada, y tenía una pequeña lonja o atrio con verjas de hierro. Delante de ella estaba la famosa fuente churrigueresca de principios del siglo pasado, y que reemplazó a otra no menos extravagante, si hemos de creer a la vista de ella que estampa Álvarez Colmenar en la obra titulada Annales d'Espagne et de Portugal. Una y otra estuvieron coronadas por la estatua de Venus, no la Medicea, de Pafos o de Citeres, sino la célebre Mariblanca, que hoy yace relegada a la plazuela de las Descalzas.»

[517] Dice Mesonero (El antiguo Madrid, tomo I, pág. 291) que el convento de la Victoria, con su iglesia, huerta y tahona ocupaba gran parte de una manzana, y dió lugar con su derribo (1836) a la formación de la calle de Espoz y Mina, al ensanche de la de la Victoria, y a la construcción entre ambas de las manzanas de casas de los señores Mariátegui y Mateu, pasaje o galería cubierta, y otros varios edificios. Los lugares respectivos de la Victoria y de la fuente del Buen Suceso están bien indicados en los siguientes versos de Tirso de Molina (Por el sótano y el torno, acto II):