LISARDA. ¡Caso extraño! ¡Que el lenguaje
tenga sus tiempos también!

FLORELA. Vienen a ser novedades
las cosas que se olvidaron.»

Lo de bravo humo y brava gloria se refiere—y dígolo porque hoy no es fácil de entender—a los mantos que se llamaron de humo y de gloria. Tirso de Molina, en el acto III de Celos con celos se curan:

«GASCÓN. ...Miren vuesirías dos
cuál anda ya nuestro idioma:
todo es brilla, emula, aroma,
fatal.... ¡Oh! Maldiga Dios
al primer dogmatizante
que se vistió de candor

Y Rojas Zorrilla, en la jorn. I de Entre bobos anda el juego, don Lucas del Cigarral:

«ANDREA. ¿Habla culto?

D.ª ISABEL. Nunca entabla
lenguaje disparatado;
antes, por hablar cortado,
corta todo lo que habla.
Vocablos de estrado son
con los que a obligarme empieza:
dice crédito, fineza,
recato, halago, atención....»

[602] Posposiciones, o sea transposiciones, pues en ellas siempre hay palabra o expresión pospuesta, que con buena sintaxis no lo estaría. Llegó a arraigar tanto el abuso de esta licencia, por poetas y aun por prosistas, en la primera mitad del siglo XVII, que ni las mayores burlas fueron freno que los contuviese. En vano escribió Quevedo contra Góngora y sus secuaces aquella receta para hacer soledades en un día, que empezaba:

«Quien quisiere ser culto en solo un día,
la jeri (aprenderá) gonza siguiente...»,

y en balde Lope de Vega, en la silva IV de La Gatomaquia: