[638] Hasta pocos años ha conservaba su antiguo nombre esta calle, que sale por uno de los extremos a la llamada hoy de Fernández y González, antes de Vizcaínos, y de Castro en tiempo de Cervantes, y por el otro extremo a la calle de Zaragoza, que se nombró de la Pajería. Hoy la calle de Tintores se llama de Joaquín Guichot.
[639] Un escribano del número, que quiere decir uno de los veinticuatro escribanos que por tasa había en Sevilla, ante quienes se otorgaban las escrituras públicas. Había, además, muchos otros escribanos: los de los juzgados, los de provincia, los de rentas reales, etc.
[640] De la moralidad de los escribanos y de estar perdigados para el infierno se escribió tanto, que sería bien prolija tarea resumirlo. Vea el lector un texto, por todos. Mateo Alemán (Guzmán de Alfarache, parte I, libro I, cap. I), después de enumerar las proezas escribaniles, dijo: «Y así, me parece que cuando alguno se salva..., al entrar en la gloria dirán los ángeles unos a otros, llenos de alegría: «Laetamini in domino: ¡escribano en el cielo, fruta nueva, fruta nueva!»
[641] Así en la edición original; pero quizás lo que trujo es errata, por la que trujo.
[642] La opinión vulgar siempre hizo de una misma camarada a escribanos y sastres, y de ahí la conocida copla:
«Un sastre y un escribano
fueron al infierno juntos:
el sastre se fué por varas,
y el escribano por puntos.»
Que es alusión a los puntos de la pluma. Quevedo, con quien siempre estuvieron muy malquistos los sastres, dijo en la Visita de los chistes: «Pues sastres, ¿a quién no matarán las mentiras y largas de los sastres, y hurtos? Y son tales, que para llamar a la desdicha peor nombre, la llaman desastre, del sastre....» E hizo decir a Escarramán en una de sus jácaras (Musa V):
«Como el ánima del sastre
suelen los diablos llevar,
iba en poder de corchetes
tu desdichado jayán.»
Años después, Tirso de Molina, recordó estos versos de Quevedo en su comedia Santo y sastre:
«PENDÓN. Mira que te han de agarrar
cuando la muerte te arrastre,
como el ánima del sastre
suelen los diablos llevar.»