LÁZARO. Ni la oigas ni la veas,
señor, hasta que se haga;
que son como las comedias:
sin saber si es buena o mala,
ochocientos reales cuesta
la primera vez; mas luego
dan por un real ochocientas.
Déjala imprimir primero;
que comedias y doncellas,
como estén dadas al molde,
las hallarás por docenas.»

[19] Lope, en una de sus cartas al duque de Sessa (Barrera, Adiciones a la Nueva biografía de Lope de Vega, página 616): «Hablaré, pues V. Ex.ª lo manda, a Vallejo; que, en fin,

Mi sotana sin reparos
tiene, por ser de probecho,
quatro bocas en el pecho,
mas todas para alabaros.
Y no es por ynportunaros
al hablar en mi sotana,
pues tengo por cosa llana,
según es agradecida,
que si os alaba rompida,
mexor os alabe sana.

Parece cosa de Luis Vélez; mas, Señor, V. Ex.ª tubo la culpa; que yo me havía remitido a la onrra portuguesa, que en Castilla llaman bayeta.»

[20] Pérez Pastor, Bibliografía Madrileña, tomo III, pág. 509.

[21] Pérez y González, obra citada, pág. 207.

[22] Pérez y González, obra citada, pág. 210.

[23] A fines del año 1851 un señor Pianitzky, pensando en traducir al ruso El Diablo Cojuelo, pidió explicaciones a la Academia Española acerca de ciertas dudas que se le habían ofrecido. Dado encargo al académico don Agustín Durán para que respondiese, este señor, por abril del año siguiente, dió cuenta de haberlo cumplido, en la medida de sus fuerzas. Pero ¡cómo lo cumplió, Dios santo! Hago gracia al lector de los demás trámites de aquel desdichado asunto: baste decir, para que los manes de Durán no se irriten demasiado, que en aquella ocasión durmió Homero a pierna suelta, y durmieron con él cuantos pusieron las manos, o formulariamente hicieron que las ponían, que es lo más probable, en las empecatadas ilustraciones de Durán. Aquella larga serie de lamentables yerros, que el lector curioso puede examinar en el departamento de manuscritos de la Biblioteca Nacional (Ms. 13881)—pues a ella fueron a parar, con la del, por otra parte, meritísimo colector de nuestros romances, los borradores de su inverosímil trabajo—, convidaba, ¿qué digo convidaba?, requería a volver por la honra del malparado Vélez, y, en general, por los fueros de nuestro idioma; el señor Bonilla no resistió a tentación tan plausible, y es de justicia reconocer que en mucha parte logró su intento, explicando bien muchas cosas de que Durán no había sabido darse acertada cuenta.

[24] Footnote de la pág. VIII de la introducción: «Tuve entonces [en 1902] la fortuna (que por tal la disputo) de hallar un erudito y amable crítico en la persona del señor don Felipe Pérez y González, el cual publicó en La Ilustración Española y Americana y reunió después en un volumen (El Diablo Cojuelo, Madrid, 1903) algunas notas acerca de mis Comentarios, que inmerecidamente declaró «dignos de aplauso y alabanza». La disconformidad en que estoy con algunas de sus apreciaciones no obsta para que reconozca la exactitud de otras, ni para que aproveche con gratitud sus enseñanzas, como aprovecharé y agradeceré siempre las que se me den con fundamento. Aspiro constantemente a realizar trabajos útiles, pero jamás tuve la ridícula pretensión de que fuesen perfectos.»

[25] Santiago de Chile, Imprenta de San José, 1915, página 15.