[62] Ite, rio est, dicho macarrónicamente, a imitación del Ite, missa est, como si dijeran: «¡Ea, se acabó el río!», porque la poca agua que de él quedaba se la habían llevado los Adanes y las Evas en las sábanas con que se habían enjugado. El señor Bonilla dice en las notas de su edición de 1910—pocas veces aludiré a la de Vigo (1902)—que Vélez, con las palabras Ite, rio est, «evidentemente se refiere al canon de la misa». Si él está en lo cierto, no lo está el Diccionario de la Academia Española, según el cual canon es aquella parte de la misa que comienza en el Te igitur y acaba con el Pater noster.

[63] A diferencia del señor Bonilla, paréceme que con la frase hidalgo a cuatro vientos no quiso decir nuestro autor que don Cleofás, yendo por el tejado, «se hallaba expuesto a todos los aires», sino que era un hacia hidalgo, sin casa solariega, y, por tanto, a la intemperie o a los cuatro vientos. Él mismo dice más adelante que por lo de llamarse Leandro, como el infortunado amador de Hero, tenía su ejecutoria en las obras de Boscán y Garcilaso.

[64] Para ser encrucijada de apellidos le faltaban dos, pues no tenía más de otros tantos. Vélez contó con ellos los dos nombres de pila.

[65] Hoy diríamos que le iba a los alcances.

[66] Decir, por metátesis, estrupo fué cosa corriente en los siglos XV, XVI y XVII. Véase algún ejemplo. Fernán Pérez de Guzmán, en su Confesión rimada:

«De aqueste mal cuerpo otro nombre es
que se llama estrupo, e su propia maldad
es en desflorar la virginidad....»

[67] Refiérese a la expresión vulgar figurada sin comerlo ni beberlo.

[68] Veintidoseno, dicho en buen romance, y no vigésimo segundo, que sería decirlo a la latina.

[69] Por estas multiestupradas de fines del siglo XVI y todo el XVII decía Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache, parte I, libro III, cap. II: «... nunca quien lo come lo paga, o por grandísima desgracia. Siempre suele salir horro el dañador, y después lo echan a la buena barba; siempre suele recambiar en un desdichado.» Y, más tarde, Moreto, en la jorn. II de Todo es enredos amor:

«D. FÉLIX. ...Porque hay mujeres en esta
ciudad, de corta fortuna,
que al cebo de su belleza
suelen traer muchos peces,
y al ignorante que pesca
el anzuelo de su cara
le echan la justicia a cuestas
y la cruz del matrimonio.»