[77] A gatas, porque andaban a cuatro pies por los tejados en busca de don Cleofás; y jinetes que corrían sus costas, por alusión a la que se llamó y llama Cervantes (Quijote, I, 41) caballería de la costa, de la cual trató largamente Pérez y González en El Diablo Cojuelo: notas y comentarios, páginas 13-17.

[78] Toda esta alegoría es alusión a los frecuentes desembarcos que hacían en nuestras costas los corsarios moros, y a la presa que de ellas solían arrebatar, no obstante el cuidado de los atajadores o jinetes de la costa.

[79] Mohatrera de doncellazgos, porque, como el mohatrero, volvía a quedarse con lo mismo que vendía; en este caso, con la propia fingida doncellez, vendida ya a tantos galanes. «Mohatra—dice Covarrubias—es la compra fingida que se haze vendiendo el mercader a más precio del justo y teniendo otro de manga que lo buelva a comprar con dinero contante a menos precio.»

[80] Chapetón, significando inocente o boquirrubio. Llamaban chapetón en Indias a los que, por recién llegados, ignoraban las costumbres y trato de aquella tierra. El adjetivo doncellil falta en el Diccionario de la Academia.

[81] Contra lo que pudiera sospecharse, suceso, en equivalencia de éxito o resultado, no tiene nada de galicismo.

[82] El señor Bonilla, anotando este lugar, habla de la silla llamada cadera, cadiera o cadira, y de unas mesas de cadera o de cadiera; pero no de la mesa de cadena. Por si, como creo, puede aprovechar a algún investigador más afortunado que nosotros, diré que en la almoneda de los bienes que quedaron por muerte del maestro Juan de Mallara se lee: «yten vna mesa vieja de cadena con su banco....» (Archivo de Protocolos de Sevilla, Gaspar Romano, libro 2.º de 1571, fol. 1991.) Y en el inventario de los bienes de don Carlos de Álava: «yten otra mesa de nogal de gonzes con el banco de cadena». (Archivo de Protocolos de Valladolid. Juan Ramos, 1604, folio 133 vto.)

[83] Claro es que se refiere a lo que el léxico de la Academia llama efemérides astronómicas.

[84] La magia o mágica negra a diferencia de la blanca, que es lo que podríamos llamar mera prestidigitación y física recreativa, fué siempre arte reprobado, porque nada se hace en él sin pacto expreso o tácito con el demonio.

[85] Era cosa general creer que los hechiceros solían tener un demonio familiar metido en una redoma. Rojas Zorrilla en la jorn. II de Lo que quería ver el Marqués de Villena:

«ZAMBAPALO. Señor, he de hablar de veras:
yo tengo miedo.