MARQUÉS. ¿Por qué?
ZAMBAPALO. Porque deste hombre me cuentan
que tiene en una redoma
un demonio.»
[86] Respondieron, plural impersonal muy frecuente en nuestros buenos escritores de antaño, y aún hoy en el habla de nuestro vulgo. Véase en mi edición del Quijote, publicada en esta colección de Clásicos Castellanos, cómo lo usaba Cervantes (VI, 53, 14, 125, 3, 137, 8; VII, 14, 5, etc.).
[87] En la superstición peninsular—como en otro lugar indiqué—los cuatro diablos mayores del infierno son Lucifer, Belcebú, Satanás y Barrabás. Así lo decía en 1512, en una de sus confesiones, Juan de Chaves (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia, legajo 24 de causas, núm. 8): «... e yo lamé e cridé a satanás, y a Amanecidos, y a la rreyna Siuilla, y algunas vezes a los quatro mayores del Infierno, es a saber, a Lucifer, belzebuc, satanás y barrabas....»
[88] Chisme era femenino en los siglos XVI y XVII. Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias, parte I, elegía VI, canto I:
«Huye la chisme, cesa la conseja,
crece contento, nace regocijo....»
Covarrubias, en este artículo: «... assi el chismoso dize a hurtadillas la chisme a la oreja, que parece llegó tan solo a soplalla....»
[89] Recónditas son las más de estas cosas que el diablillo enredomado dice haber traído al mundo: sería preciso ser punto menos diablo que él mismo para averiguar noticias de algunas de ellas; pero de otras puede decirse algo, y aun de tal cual se ha dicho no poco en libros antiguos y modernos. De la zarabanda traté con bastante espacio en mi Loaysa de «El Celoso Extremeño» (Sevilla, 1901), páginas 257-287, y para su estudio aporta el señor Bonilla otros datos estimables.
[90] Del déligo llamándole deligo, sólo dice Bonilla: «Baile de la época», y el señor Puyol y Alonso, en su edición de La Pícara Justina (Madrid, 1912), tomo III, página 155, a las palabras «en el ayre repiqué mis castañetas de repica punto, a lo deligo, y di dos vueltas a buen son», comenta: «Era un género de baile», y cita el pasaje de El Diablo Cojuelo. Algo podré añadir yo. En primer lugar, este baile se llamaba déligo, y no deligo; lo demuestra Lope de Vega en el siguiente pasaje del acto II de Los Locos de Valencia.
«FEDRA. Bailemos, que estamos tristes.