GERARDO. Creciendo va su porfía.
(Bailen.)
LAIDA. Déligo, déligo, déligo....
GERARDO. ¿Qué es esto, sobrina mía?
FLORA. Que déligo del andéligo.»
Haciendo breve a déligo y andéligo no constarían los versos en que están estos nombres. Andéligo llamaban también a este baile, como se echa de ver en el ejemplo que antecede y en un pasaje del Romancero general, folio 425 vto. de la edición de 1604, por la cual cito siempre:
«No viue ufana Seuilla
con tantas damas de precio
que les tiene puesto el vso,
aunque valen mucho menos,
ni tiene tantos deuotos
aquel donayre inquieto
de andéligo y zarabanda
de Guadalquiuir a Ebro....»
[91] Del baile de la chacona traté en mi citado estudio sobre El Loaysa, pág. 282. Véase además la nota 124 de Amezúa en su excelente edición crítica de El Casamiento engañoso y el Coloquio de los perros. De la zarabanda y la chacona tomaron nombre ciertas ropas mujeriles (Romancero general, fol. 387 vto.):
«...Ni que traygan verdugados,
alzacuellos y gorgeras,
vrracos, bobos, chaconas,
çarabandas ni arandelas.»
[92] Al bullicuzcuz se refiere, como presume el señor Bonilla, esta letra que trae Quevedo en El entremetido y la Dueña y el Soplón, y claro es que, según por ella se infiere, el bullicuzcuz era un baile, y no un juego: