Tirso de Molina, Cautela contra cautela, acto I:
«ENRIQUE. ¿No es bien nuevo amar a dos?
CHIRIMÍA. No, señor, ni amar a mil;
porque tú tienes criado
que en un mismo tiempo ha amado
un salchichón, un pernil
y una bota de hipocrás,
dos de Candia, cuatro griegas,
treinta fregonas gallegas
y trescientas cosas más,
que es socorro y estribillo
de poetas de repente.»
El señor Foulché-Delbose publicó en la Revue Hispanique (tomos IX, 261, y X, 234) un curioso estudio acerca de las Coplas de Trescientas cosas más.
[170] Regatones, que hoy más bien diríamos regateadores, aunque esta palabra falta en el Diccionario. Regatear—dice Covarrubias—, «procurar abaxar el precio de la cosa que compra es muy del regatón».
[171] Si la podemos dar roma, no la demos aguileña, dice el refrán, aludiendo a moza, y no a nariz, contra lo que opina el señor Bonilla. Es dicho de ruines de alma atravesada, y lo recuerda Cervantes en el Quijote (II, 48): «... que yo he oído decir muchas veces y a muchos discretos, que si él [el diablo] puede, antes os la dará roma que aguileña.»
[172] Refiérese a una de las muchas pendencias que se promovían en los mandrachos o casas de juego sobre dar barato a los mirones que actuaban como jueces de las suertes dudosas.
[173] Deslizáronsele aquí a Vélez dos versos endecasílabos:
«...a una mujer de un sastre que ha jurado
que los ha de coser a puñaladas.»
[174] Juega del vocablo fuga en sus dos acepciones musical y de huída, y alude a la frecuencia con que huían los músicos callejeros al primer asomo de peligro, por lo cual dijo Lope de Vega en la silva III de La Gatomaquia: