GRACIOSO. ¡Lindo chasco!
Pocas cosas, señor, nunca las masco.»
[180] Murciégalo (de mur y caeculus) como aún lo dice el vulgo, más etimológicamente que los que, con una metátesis innecesaria decimos murciélago.
[181] Quien, haciendo a plural, cosa frecuentísima en nuestros escritores de los siglos XVI y XVII.
[182] Como recuerda el señor Bonilla, llamaron los Siete Durmientes «a siete hermanos que se dice sufrieron martirio en Éfeso, en tiempo del emperador Decio. Habiéndose ocultado estos hermanos en una caverna, fueron emparedados en ella de orden del Emperador; ciento noventa y seis años después se les encontró dormidos en el mismo sitio (Véase la Leyenda áurea de Jacobo de Vorágine)». Tirso de Molina, en el acto I de La Villana de la Sagra:
«CARRASCO. ...Nunca de dormirme acabo;
mas con vinos excelentes,
si son siete los durmientes,
yo seré durmiente octavo.»
[183] Es decir, que dirá que no lo siente. Juega del vocablo sentir, en dos de sus acepciones.
[184] «Vistas—dice el Diccionario de autoridades—llaman los vestidos y tocador que los novios envían a sus futuras esposas.»
[185] Contra lo que ligeramente pudiera imaginarse, pared y medio no es errata por pared en medio. «Error de caja» lo creyó el señor Fitzmaurice-Kelly al encontrar esa expresión en el capítulo XIX de la primera parte del Quijote. A los ejemplos que cité en nota del dicho capítulo podrían agregarse muchos otros: cuantos acertara a desear el más descontentadizo.
[186] Del gallo, es decir de la hora en que canta el gallo, queriendo ya venir el día.
[187] Porque de Judas se dice que fué despensero, y los despenseros acaparaban muchos mantenimientos para venderlos a precios elevadísimos. Es frecuente en nuestros escritores festivos la alusión al oficio de Judas. Quevedo, por ejemplo, en su romance de Los Borrachos (Musa VI):