«...Y yo, que en diez y seis años
que tengo de despensero,
aun no he podido ser Judas
y vender a mi maestro.»
Lope, aludiendo a la costumbre de ahorcar un pelele el Jueves Santo, figurando a Judas:
«MENDOZA. Y ¿qué importa que una dama
tenga el cuerpo diligente...,
las caderas como en Flandes,
las piernas como un jinete,
si el rostro puede ser molde
de hacer diablos para el jueves
en que al despensero cuelgan
que afrentó los calabreses?»
«Los despenseros de los monasterios—dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de Rinconete y Cortadillo—tomaban el pescado por cargas, diciendo ser para aquéllos, y revendíanlo después entre sus parroquianos; acordó el cabildo [de Sevilla] que se hablara a los priores y guardianes para que corrigiesen el abuso; pero no se logró la enmienda.»
[188] Por partes de, y no por por parte de, como habría enmendado Clemencín si hubiese editado la presente novelita. Por partes de, o de partes de, solía decirse antaño, como demostré en mis notas al Quijote (IV, 267, 4).
[189] Pregunta el señor Bonilla: «¿Querrá decir Vélez que el padre de ese niño era infiel (judío o moro)?» No, ciertamente—respondo—, sino que ese niño, por partes de su padre, podía pretender tal beca como hijo de clérigo. Sabido es que, según la creencia vulgar, el Antecristo ha de ser hijo de un clérigo y una monja, y por éstas dijo Quevedo en una de sus premáticas: «Condenamos en los galanes de monjas los antecristos pensamientos....»
[190] Debiera decir Vélez el domingo de cuasi ración, para que recordase mejor el de Cuasimodo, al cual quiso referirse.
[191] Llamaban letuario, lectuario, electuario, a cierto género de conserva, ya medicinal o ya simplemente alimenticia, como la que solía tomarse al par que el aguardiente. Quevedo, Vida del buscón llamado don Pablos..., libro II, cap. II: «Pasamos adelante, y en una esquina, por ser de mañana, tomamos dos tajadas de letuario y aguardiente de una picarona....» Las mujeres que vendían el letuario acostumbraban a pregonarlo por las calles en las primeras horas de la mañana. Lope de Vega, en unas décimas de la Justa poética en la beatificación de San Isidro, refiriéndose a esas horas:
«...La mula el médico ensilla,
da la purga el boticario,
pregónase el letuario....»
[192] Contra lo que dijo Durán y copió Bonilla, el juego de salga la parida no consiste en gritar los muchachos «ese refrán(?) cuando observan que la luna llena, atravesando grupos de nubes, va apareciendo clara en los sitios despejados». Salga la parida, como dice el Diccionario de autoridades, es «juego común con que se divierten los muchachos estrechándose y apretándose entre sí para echar a alguno del corro, en cuyo lugar admiten otro».