[200] Roncando, como los ojos de aquella Mari Pérez de quien dijo Quevedo (Musa VI):
«Tus dos ojos, Mari Pérez,
de puro dormidos, roncan,
y duermen tanto, que sueñan
que es gracia lo que es modorra.»
Cuanto a ojos, como a todo lo del mundo, cambian las modas, y por esto decía Calderón, en la jorn. II de Eco y Narciso:
«BATO. ...Vn tiempo que se dieron
en usar ojos dormidos,
no había hermosura despierta
y todo era mirar bizco....»
Pero si Vélez aprendió en Quevedo lo de roncar los ojos, de puro dormidos, una poetisa, doña Catalina Clara, aprendió de Vélez lo de roncar hermosura, pues escribió, retratando a cierta dama:
«Sus ojos, que hermosura están roncando,
dormidos saben más que otros velando,
y dice en ellos cada niña airosa:
Nigra sum, sed formosa.»
[201] De Gloria Patri quiere decir, como notó el señor Pérez y González en su citada obra, págs. 23 y 24, «inclinados como fieles que pronuncian o escuchan el Gloria Patri».
[202] Sobre las maretas quedó nota páginas atrás (8, 1)[47].
[203] Para desacreditar la naturaleza, porque le hacen poquísimo favor carilindos que no acaban de semejar hombres ni mujeres; y para desacreditar el rentoy, porque no parece sino que están jugando a este juego, en que los compañeros se entienden por medio de gestos y señas, a lo cual se refirió don Antonio Hurtado de Mendoza en estas seguidillas de la segunda parte del Entremés de Micer Palomo:
«De las damas de hogaño, ¿qué te parece?
—Capadillo, pues juegan con seis y siete.
—¿Y de las que se atapan en la comedia?
—Al rentoy, pues te muelen haciendo señas.»