Pero tienen mucho cuidado en no perseguir de noche al zorro, porque dicen que este animal es muy querido por el Huasa-Mallcu, quien le hace servir de su perro, y que suele favorecerlo en casos de peligro convirtiendo a todas las piedras y prominencias de terreno en zorros, que rodean a sus perseguidores y los enloquecen.
La mina en la que se cría un zorro irá mal en su explotación.
El zorro es centro de un ciclo de narraciones indígenas, en las que el ingenio y la inventiva de los indios campean a sus anchas. En todas ellas, el zorro sale siempre airoso, merced a la astuta malicia con que procede y a los múltiples recursos que, inagotables, brotan de su solapado y artero ingenio. Ya engaña a la mujer casada durante la ausencia del marido, dándose modos para representar a éste; ya seduce a la oveja más gorda y de vellón coposo y blanco que hay en la majada, y la conduce por riscosos lugares para devorarla a su gusto, y después cuenta a sus compañeras que aquella habita en praderas matizadas de verde y jugoso pasto y duerme en mullido y abrigado lecho; ya engaña a los perros que vigilan el aprisco, con promesas que nunca las cumple. Veces hay en que celebra sus esponsales con la cuidadora del rebaño y cuando ha satisfecho su voracidad la deja burlada. El zorro es temido por el indio, a la vez que en sus veladas es objeto de alusiones divertidas y picantes.
La araña o cusicusi, representa la alegría y cuando la encuentran casualmente, al menos si es blanca, la tienen como buen presagio. Desde los tiempos remotos a la araña se ha empleado como instrumento para las brujerías. «También usan para las suertes de unas arañas grandes, dice Polo de Ondegardo, que las tienen tapadas con unas ollas, y les dan allí de comer, y cuando viene alguno a saber el suceso de lo que ha de hacer, efectúa primero un sacrificio el hechicero y luego destapa la olla y si la araña tiene algún pie encogido ha de ser el suceso malo, y si tiene todos extendidos el suceso será bueno».[15]
Débese a esta preocupación que los indios en la actualidad, apenas notan una araña, lo primero en que se fijan es en los pies para de la situación en que se encuentran deducir sus presagios.
El armadillo o quirquincho, lo emplean para ejercitar sus venganzas, derramando sobre su escamosa concha azufre molido, combinando con los cabellos, o suciedad pertenecientes al individuo que tratan de hacer daño; cuyo rostro y cuerpo, dicen que, desde ese momento, se cubren de granos y aun de escoriaciones.
Poner cara, llaman el volver un lado del rostro de una persona, de blanca o rubia, en color negro, por medio de sapos, que crían con ese objeto y a causa de haber traicionado aquél a sus compromisos de amor.
La bestia se inquieta y se espanta, cuando se aproxima a ella un ladrón, o una persona que tiene que morir pronto, o cuando algún fantasma o espíritu maléfico la persigue, o cuando las piedras, pastos y arbustos se han tornado ante su vista en otros animales.
Al ginete, cuya bestia tropieza o se cae al franquear la puerta de su casa, o en presencia de su rival o enemigo, le irá mal en los negocios que proyecta, o en sus asuntos con aquel.
Los que se ponen en los ojos las legañas del perro, ven almas en las noches oscuras.