El feto del gato atrae la mala suerte en la casa donde se entierra, o produce la enfermedad del dueño de ella.
El feto de la llama, al revés de lo que ocurre con el de gato, atrae riquezas y es mayor su bondad si lo entierran inmediatamente después de sacarlo del vientre de la madre.
El chinchol o pfichitanca (Zonotrichia pileata) pía constante en la cumbre del techo de una casa cuando alguien tiene que llegar; mas, si el momento en que se está formando mentalmente algún proyecto, o se está conviniendo algún negocio, silba o canta estridente, es presagio de que fracasará lo que se piensa o proyecta.
Sorprender peleando dos animales es para tener disgusto o reyerta, particularmente si son canes.
El ser cruzado en el trayecto que se atraviesa por una víbora o culebra, o algún otro reptil, presagia desgracia.
Cuando las golondrinas vuelan junto a la tierra o al agua, rozando con las alas la superficie del agua o del suelo, anuncian fuertes ventarrones.
Cuando los patos se estiran y atesan las plumas con el pico denotan vientos; si se ponen contentos y aletean con frecuencia indican lluvias. También es señal de un próximo aguacero el sentir punzadas en los callos del pie.
Cuando los gallinazos graznan presagian huracanes.
Cuando el gato corretea, anuncia lluvia, si maulla constantemente en el techo, sin querer descender, o tiene frecuentes luchas con otros gatos, es para que fallezca alguien de la casa.
El canto de la gallina es de pésimo augurio, atrae y arraiga la mala suerte. De aquí dimana el conocido dicho «desgraciada la casa en la que canta la gallina», refiriéndose a la familia, en la que domina la mujer al hombre y asume la dirección de ella.