El uso de talismanes data desde épocas anteriores a la conquista, y no se ha podido impedir su continuación con las prédicas de los religiosos, ni con el avance de una cultura adelantada. Polo de Ondegardo da los siguientes detalles al respecto: «Es cosa usada en todas partes tener, o traer consigo una manera de hechizos, o nóminas de Demonio, que llaman (Huacanqui) para efecto de alcanzar mujeres, o aficionarlas, o ellas a los varones. Son estos huacanquis hechos de plumas de pájaros, o de otras cosas diferentes, conforme a la invención de cada provincia. También suelen poner en la cama del cómplice, o de la persona que quieren atraer o en ropa, o en otra parte donde les parezca que pueden hacer efecto, estos huacanquis y otros hechizos semejantes hechos de yerbas, de conchas de la mar, o de maíz o de otras cosas diferentes. También las mujeres suelen quebrar sus topos, o espinas con que hacen las mantas o llicllas, creyendo que por esto el varón no tendrá fuerza para juntarse con ellas, o la que tiene se la quitará luego: y hacen otras cosas diferentes para este mismo fin. También los varones y las mujeres hacen otras diferentes supersticiones, o de yerbas o de otras cosas, creyendo que por allí habrá efecto en la generación, o en la esterilidad si la pretenden».[17]
Pertenecen al mismo orden de huakanquis las figuritas talladas, que representan llamitas, zorros o aves, y tienen por objeto desenvolver en los que las llevan consigo, las cualidades que distinguen a esos animales, cuando no preservarles de la desgracia o hacer que vengan riquezas.
Aunque nunca matan propiamente con hechizos, suelen algunos brujos aprovecharse de alguna enfermedad que aqueja a su cliente, como la tisis, para decir que está hechizado, que de noche, durante su sueño, la hechicera, de la que se han valido sus enemigos, tomando la forma de un horrible vampiro, le chupa la sangre del cuerpo; y así cuando muere atribuyen la causa a ese hecho. El remedio que aconsejan para librarse de la brujería, es sobornar al que la realiza o buscar otros brujos de mayor poder, o sino se puede conseguir la sanidad por medio de esos recursos quemar vivo al brujo o hechicera, que han motivado y continúan reagravando el mal.
V
Suponen que formando la imagen de un enemigo de papas o maíz en seguida atravesándola de cierto modo, en alguna parte del cuerpo, con espinas, o deformándola, y conservándola así, se obtiene que el hechizo le atraiga desgracias, o que el miembro señalado en la efigie, sufra una visible alteración, ya resultando en una pantorrilla gruesa y la otra delgada, o ya un brazo gordo y el otro descarnado, o un ojo grande y el otro pequeño, o una oreja larga y la otra encogida, o un órgano corriente y el otro entorpecido, dañado o debilitado en sus funciones normales.
Para que un individuo adquiera el vicio alcohólico, modelan también un muñeco de brea, que se le parezca y poniéndole en una mano una capita de estaño y en la otra una botellita, y envolviéndolo con retazos de hilos de colores, lo arrojan fuera de la población, en paraje silencioso y poco frecuentado.
Un matrimonio o concubinato se disuelve, ocultando en la puerta de calle de la casa donde viven los perseguidos, dos pajarillos ahorcados con hilos retorcidos y colocados con los picos en direcciones opuestas.
Con el mismo objeto, o con el de producir el odio y la separación entre dos personas que se quieren, amarran juntas dos figuras semejantes con cerdas de gato y las entierran con un sapo vivo al lado.
Otras veces atraviesan algún miembro del cuerpo de un sapo o lagarto vivo, y envueltos con los cabellos o lienzo, pertenecientes a la persona que desean causarle mal, lo entierran, de tal suerte, que muera después de haber sufrido por algún tiempo. Con esta brujería creen que la persona aludida tiene que sentir alguna dolencia, en la misma parte del cuerpo, en que el sapo o lagarto está padeciendo y que es segura su muerte, si no se arranca la espina del animal y se le pone en libertad.
También fabrican figuras de barro, yeso o cera, parecidas a la persona enemiga, o pintan la cara de un ratón o gato a su semejanza, y en seguida vistiéndoles con las ropas o géneros de su uso, las cuelgan, para escupirlas, insultarlas y maltratarlas, hasta destruirlas, si son objetos inanimados, o matarlos si son animales. Esta superstición data de una época muy antigua. El P. Cobo la consigna en su obra. «Para que viniese a mal o muriese el que aborrecían», dice: «vestían con su ropa y vestidos alguna estatua que hacían en nombre de aquella persona, y la maldecían colgándola de alto y escupiéndola; y así mismo hacían estatuas pequeñas de cera o de barro o de masa y las ponían en el fuego, para que allí se derritiese la cera, o se endureciere el barro o masa, o hiciese otros efectos que ellos pretendían, creyendo que por este modo quedaban vengados y hacía mal a sus enemigos».[18]