Llenada la manta de mazorcas, se echan a la espalda y la derraman en un montón, que todos los ocupados en esta tarea van formando del total que ha producido el terreno. Las mujeres se dedican a separar las panojas de buen grano de las que tienen menudo o podrido, haciendo otros montones.
Terminada la recolección del producto, miden en costales o grandes canastos, con capacidad para recibir varias cargas, y así se cercioran de la cantidad que se ha cosechado.
Se cuentan cuidadosamente las mazorcas de la primera porción que se ha medido, y con el nombre de muestra, se guardan para que después sirvan, a su vez, de medida para recibir el producto seco y desgranado.
Entregado el maíz a un cuidador, especialmente nombrado, con el título de Camani, lo extiende éste en un canchón apropiado, que se le denomina tendal, donde permanece hasta secar por completo.
Llegando el día designado para el desgrane, se reunen en el tendal los colonos de la hacienda, acompañados de su familia, allegados y ayudantes; cuentan las panojas de la muestra, y las desgranan en algún costal o cajón, el cual después sirve de medida para recibir la cosecha y ver si se halla conforme con la cantidad que se ha entregado al Camani.
Cada colono, formando con los suyos un grupo independiente, coloca en el centro un cuero seco de vaca, pone encima las mazorcas, y hace que el más robusto del círculo, que comúnmente es algún joven, calzado de sandalias de cuero duro o zapatos de grandes tacones, comienza a pisotear las panojas, haciendo que con los repetidos golpes que da, se desprenden los granos y vayan siendo arrojados a los extremos las raspas y los marlos. Vaciados los cueros, vuelven a rellenarlos inmediatamente dos indios ágiles que hacen de repartidores, sin que el zapateo cese hasta que el montón de mazorcas se haya agotado. Las mujeres se encargan de apartar los últimos granos, que no hayan podido ser separados por el contacto de los pies.
El día aquel es convertido por los indios en festivo, durante él beben abundante chicha y comen de lo mejor que tienen en su cosecha; sólo ese día, en homenaje a la Pacha-Mama, que se ha mostrado bondadosa, se permiten guisar sus conejos, gallinas y corderos. Ese día, realmente gozan y se divierten los agricultores, penetra una racha de verdadera alegría en sus corazones.
Las papas grandes, o que tienen distinta forma de las demás y que se llaman llallahuas, así como las panojas de gran tamaño, o compuestas de dos o tres unidas, las tienen cual portadoras de buen agüero y las colocan en sitios de preferencia, con el nombre de tomincos, prestándoles muchas reverencias, como si fueran cosas divinas.